Yo soy

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domingo, 2 de diciembre de 2012

"La periodización de la historia del arte en Venezuela deja por fuera muchos cabos sueltos. Se limita a lo cronológico. Cuando nosotros desplazamos esas líneas históricas hacia otros conceptos como el lugar, surgen otras connotaciones y construcciones históricas. Me parece que esta exposición es una sorpresa. Se puede contar la historia de maneras distintas, desplazando esos conceptos que están instauradas en el imaginario colectivo. Nuestra historia se está reinventando todos los días"


La otra historia del arte nacional reflejada en la Colección Mercantil

La exposición "Histórica. Memoria y territorio" reúne piezas pertenecientes a los siglos XVIII, XIX, XX y XXI.

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Hasta una obra de Reverón figura en la colección (Kisaí Mendoza)
DUBRASKA FALCÓN |  EL UNIVERSAL
jueves 29 de noviembre de 2012  08:42 AM
La obra La llovizna de Tomás Golding cuelga al lado de las flores de Roberto Obregón y la Composición botánica de Beatriz Inglessis. Una disposición peligrosa que recibe al visitante de la exposición Histórica. Memoria y territorio. Es una pared cargada de referencias históricas del arte nacional que, quizás, eran impensables unir. Una historia alterna se muestra en el recorrido dentro del Espacio Mercantil, en el edificio Panaven de la avenida San Juan Bosco de Altamira.

Así lo afirma Tahía Rivero, curadora de la Colección Mercantil. Ella, que jura conocer a fondo todas las obras que forman parte del banco venezolano, se sorprendió al ver la nueva lectura que generaban las piezas pertenecientes a los siglos XVIII, XIX, XX y XXI.

"Las obras se valorizaron de otra manera. Eso es sorpresivo. En realidad, la selección apunta a construir un nuevo imaginario, una nueva historia. Se mezclan siglos y soportes. Son artistas con visiones locales junto con creadores con visiones foráneas. Generalmente, la historia en sí misma es compleja de contar o narrar. Lo que se plantea aquí es una narrativa alternativa", asegura Rivero.

La exposición, cuya curaduría realizó Félix Suazo, cuenta con 56 obras de 42 artistas y fue presentada en el Museo de Arte Contemporáneo del Zulia (Maczul) entre 2009 y 2010. "Nos hemos divertido mucho con las obras, las tensiones, las analogías y los hilos conductores que ofrecen", comenta.

La narración alternativa que se plantea en Histórica. Memoria y territorio se divide en tres capítulos que parten del lugar como hilo conductor. Estos son: La naturaleza: lugar de gracia, La ciudad: lugar promisorio y Los símbolos: lugar de la idea.

En el primero se narra la naturaleza a partir de las flores de arcillas de Los Palos Grandes de Valerie Brathwaite. Luego sigue con el mundo cósmico de Elsa Gramcko y su Horno solar, junto al óleo Sequía en el Parque Codazzi de Elisa Elvira Zuloaga. Esto, sin obviar, el diálogo de la obra El mar es una gota, de Isabel Cisneros, con Río Caroni de Miguel von Dangel.

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En el capítulo de la ciudad se plantea la urbe paradójica. Esa que planifica pero que al mismo tiempo se niega a ser planificada. Ahí se entrecruza la narración entre el video de Nela Ochoa San Joaquín c' est un geste con dos obras en papel de Camille Pissarro: Église La Pastora y Église de San Pablo. O la negación de la retícula que hace Eugenio Mendoza en la instalación 3 primaveras. "Está es la ciudad que se soñó. La que pensamos que es, la que no queremos que sea. Se aborda la ciudad desde la perspectiva de estos artistas", reconoce.

Por último, se encuentran los símbolos. La conexión directa entre la ciudad y la naturaleza que reconoce el hombre. Aquí está la pintura de D.Y. El Libertador Simón Bolívar, que tiene escrito en la tela: "O Bolívar desciende a la nada o da la libertad a la América". También está el Escudo de Ernesto León junto a la litografía Proyecto de una bandera en piedra para una lito en piedra de Margot Römer.

"Los artistas se revalorizan. Aquí hay ganas de ampliar las posibilidades de lectura del arte venezolano. Es la posibilidad de cuestionar algunos cánones", concluye Tahía Rivero.

Otra historia se escribe.

osé Manuel Caballero Bonald ha sido galardonado con el Premio Cervantes 2012, un reconocimiento a este "novelista poeta", "fabulador y creador de historias y maestro en el uso del idioma", aseguró el presidente del jurado, Darío Villanueva.


José Manuel Caballero Bonald gana el Cervantes

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"Este año me correspondía, era mi turno", dijo el poeta y novelista EFE
EFE/EL UNIVERSAL
viernes 30 de noviembre de 2012  12:00 AM
Madrid.- José Manuel Caballero Bonald ha sido galardonado con el Premio Cervantes 2012, un reconocimiento a este "novelista poeta", "fabulador y creador de historias y maestro en el uso del idioma", aseguró el presidente del jurado, Darío Villanueva. 

Un poeta, novelista y memorialista cuya obra, destaca el fallo del jurado, ha contribuido "a enriquecer el legado literario hispánico". 

El ministro español de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, dio a conocer el fallo junto con la escritora Ana María Matute, galardonada en 2010 con el Cervantes, que formó parte del jurado. 

Veintiún candidatos concurrían a esta edición del considerado Nobel de las letras hispánicas, que se concedió por primera vez en 1976, y que ha sido otorgado a Caballero Bonald por mayoría tras cinco votaciones sucesivas. 

El presidente del jurado explicó también la valoración que hizo el jurado de la marcada proyección iberoamericana de Caballero Bonald. 

Además de vivir en América Latina, ha mantenido un contacto intenso con la literatura escrita en castellano en ese continente y es una figura muy reconocida y apreciada por los "hispanohablantes e hispanolectores al otro lado del océano", señaló Darío Villanueva. 

"El Premio Cervantes es una meta a la que todo escritor aspira y este año me correspondía, era mi turno", aseguró Caballero Bonald a Efe, tras conocer el veredicto del jurado. 

El autor dijo que se siente "muy honrado" porque es "la más ilustre posibilidad de ser reconocido como escritor". 

Por su parte, al conocer la noticia el poeta Antonio Gamoneda dijo: "Es un acto de justicia un poco tardía".

En Azimut no hay costuras evidentes. Tan solo queda el corte. Seco. Sin cura. "Quizás este no es el momento para estar cociendo. Estas fisuras, estas rasgaduras, están dentro de cada uno. Son mis rasgaduras internas. Esta es una obra bastante esquemática y minimalista, pero cuando te acercas te das cuenta que hay una fisura. Detrás de ella se encuentra otro mundo", confiesa Ana María Mazzei acerca de las piezas que realiza con madera industrial.


ENTREVISTA ANA MARÍA MAZZEI, ARTISTA PLÁSTICO

"Detrás de estas obras hay un paisaje metafórico"

"Decidí radicalizar el discurso (...). Quizás, este no es el momento para estar cociendo"

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La artista inaugura el domingo la exposición "Azimut" en la galería D' Museo en el Centro de Arte Los Galpones NICOLA ROCCO
DUBRASKA FALCÓN , ANA MARÍA MAZZEI , ARTISTA PLÁSTICO |  EL UNIVERSAL
sábado 1 de diciembre de 2012  12:00 AM
Rasgada. Así está Ana María Mazzei (Caracas, 1946). Está cortada... como sus obras más recientes. Detrás de unas piezas en madera, monocromáticas y minimalistas, se esconden fisuras casi imperceptibles. Todas simétricas, pero cortadas quirúrgicamente por el mismo motivo: la situación del país. "Son los cortes de la vida. Del momento difícil que estamos pasando en Venezuela", comenta la creadora. 

A través de 25 obras en mediano formato, algunos dípticos y otros trípticos, la artista expone las rasgaduras que le produjo esta tierra en Azimut. La muestra, que inaugura mañana, toma la sala de galería D' Museo dentro del Centro de Arte Los Galpones, en Los Chorros. "Aquí utilizo las rasgaduras y los cortes a través de la madera y las betas. En eso se basa la exposición. En un principio, las betas penetran en el color a través de estas fisuras. He querido resumir aquí muchos de los temas que trabajé en mis primeros tiempos con el dibujo", explica. 

Esta no es la primera vez que Mazzei utiliza las fisuras en su trabajo. Ya lo hizo con sus dibujos de grafito sobre papel. Pero a estas rasgaduras las tejía. Las cosía con alambres. "Tapaba esas rasgaduras", recuerda. 

En Azimut no hay costuras evidentes. Tan solo queda el corte. Seco. Sin cura. "Quizás este no es el momento para estar cociendo. Estas fisuras, estas rasgaduras, están dentro de cada uno. Son mis rasgaduras internas. Esta es una obra bastante esquemática y minimalista, pero cuando te acercas te das cuenta que hay una fisura. Detrás de ella se encuentra otro mundo", confiesa Ana María Mazzei acerca de las piezas que realiza con madera industrial. 

Incluso en dos de los dípticos que expone, la artista decidió colocar unos alambres sueltos. Largos hilos que aún no llegan a coser las rasgaduras del alma de Ana María Mazzei. "Decidí radicalizar el discurso. Detrás de estas obras geométricas existe un paisaje más metafórico. Aquí no está solo el elemento de las formas. Es más bien un proceso de reflexión que vas depurando a través de tu vida. Te vas despojando de cosas que en el momento son muy poéticas", dice. 

La primera vez que la artista incluyó el geometrismo en su obra fue cuando expuso en 1993 en una de las salas de la Galería de Arte Nacional. Ya había ganado el premio Arturo Michelena. Decidió introducir la figura geométrica colocando relojes de sol y horizontes artificiales, similares a los que utilizan los pilotos de aviones. Hoy, la geométrica retoma el espacio y se amolda a la poesía de la artista. 

"Ya la geometría salió a la superficie y tomó un espacio concreto. Ya esto salió del cuadro y de la pintura y tomó un espacio concreto. Es un elemento que flota dentro del espacio global de la galería. Con la madera que utilizó en esta exposición descubro las formas y los colores que tendrá la pieza. Es un elemento industrial que te da la libertad de hacer arte (...). Aquí, en Azimut, el exquisito soporte industrial desmitifica lo hecho a mano dándole importancia al refinamiento obtenido a través del diseño", concluye la Mazzei.

La película, dirigida por el cubano Pave Giraud, se centra en la vida del pianista y compositor desde que parte de La Habana, su vida en Nueva York, su estancia en Andalucía (sur de España), donde compuso temas tan conocidos como Guadalquivir, Granada, Gitanerías y Malagueña, y sus años finales en la isla de Tenerife, en el Atlántico.


Michel Camilo y Chucho Valdés harán una película sobre Ernesto Lecuona

El documental, explica a Efe Camilo, lo rodará la productora Trova Films, al estilo de las películas musicales "Buena Vista Social Club", de Wim Wenders, y "Calle 54", de Fernando Trueba.

EL UNIVERSAL
sábado 1 de diciembre de 2012  01:23 PM
Madrid.- Los pianistas Michel Camilo, Chucho Valdés y Gonzalo Rubalcaba van a rodar una película dedicada al cubano Ernesto Lecuona, del que se cumplirán el año próximo 50 años de su muerte, en las ciudades que fueron importantes en su vida, es decir, La Habana, Nueva York y Santa Cruz de Tenerife, donde falleció.

El documental, explica a Efe Camilo, lo rodará la productora Trova Films, al estilo de las películas musicales Buena Vista Social Club, de Wim Wenders, y Calle 54, de Fernando Trueba, en la que aparecen también él mismo y el cubano Chucho Valdés, aunque ambientada con "los sones" de cada ciudad en la que vivió Lecuona.

"Lecuona fue un pianista importantísimo porque puso los ritmos 'caribe' al piano. Estoy entusiasmadísimo con el proyecto", ha asegurado Camilo, que cree que el filme "estará listo" para 2013.

La película, dirigida por el cubano Pave Giraud, se centra en la vida del pianista y compositor desde que parte de La Habana, su vida en Nueva York, su estancia en Andalucía (sur de España), donde compuso temas tan conocidos como Guadalquivir, Granada, Gitanerías y Malagueña, y sus años finales en la isla de Tenerife, en el Atlántico.

Según explica la productora en su página web, en Playing Lecuona Chucho Valdés (Quivicán, 1941) será el "cicerone" en La Habana natal del compositor, y allí fusionará el jazz con los ritmos afrocubanos.

Camilo (Santo Domingo, 1954) creará en Nueva York "elegantes atmósferas sonoras" y Gonzalo Rubalcaba (La Habana, 1963) hará en Sevilla, el corazón de la Andalucía homenajeada por Lecuona en sus composiciones, un mix de latin jazz con flamenco.

"Y todos ellos -añade- interpretarán a Ernesto Lecuona en Santa Cruz de Tenerife en un encuentro sin precedentes".

El documental está apoyado por el programa Ibermedia, el ICAA, el Gobierno de la región de Canarias y la TV pública de Canarias, reseñó Efe.

"La fotografía: que milagro", diría Le Corbusier, reiteradamente, a lo largo de su dilatada e intensa vida de arquitecto, retratada en centenares de negativos en la exposición Construir la Imagen. Le Corbusier y la Fotografía, concebida por su ciudad natal, La Chaux de Fonds, para conmemorar el 125 aniversario de su nacimiento.


Le Corbusier pionero en usar la fotografía para construir su imagen icónica

Su dilatada e intensa vida de arquitecto está retratada en centenares de negativos en la exposición "Construir la Imagen. Le Corbusier y la Fotografía", concebida por su ciudad natal, La Chaux de Fonds, para conmemorar el 125 aniversario de su nacimiento.

EL UNIVERSAL
sábado 1 de diciembre de 2012  01:35 PM
La Chaux de Fonds.- En la actualidad, nombres como Norman Foster o Jean Nouvel son asociados con rapidez a sus construcciones gracias a la mediatización de sus obras, un concepto del que Le Corbusier, a principios del siglo XX, fue un precursor, al crear "un icono" de si mismo gracias a la fotografía.

"La fotografía: que milagro", diría Le Corbusier, reiteradamente, a lo largo de su dilatada e intensa vida de arquitecto, retratada en centenares de negativos en la exposición Construir la Imagen. Le Corbusier y la Fotografía, concebida por su ciudad natal, La Chaux de Fonds, para conmemorar el 125 aniversario de su nacimiento.

Hijo de un grabador y de una profesora de piano, Charles Édouard Jeanneret, Le Corbusier, (La Chaux de Fonds, Suiza, 1887 / Roquebrune-Cap-Martin, Francia, 1965), demostró desde pequeño una gran vocación artística y tras estudiar en la Escuela de Arte de su municipio efectuó a los 24 años un viaje de formación a Europa del Este.

Esta expedición le abrirá las puertas no solo de un mundo desconocido, sino también de un universo auténtico pero reconstruido a través de los lentes de una cámara de fotografiar.

Esa experiencia le permitió comprender el potencial inigualable de la imagen y, desde entonces, explotó en todas sus vertientes la fotografía: como herramienta de trabajo, como objeto de composición -"la fotografía aporta alma a los edificios, decía-  pero también como vía de divulgación de sus obras y de si mismo como "creador".

Bien joven, construye una imagen icónica de si mismo que, como el Che Guevara o Marilyn Monroe, le permite seguir siendo reconocido casi medio siglo después de su muerte: gafas grandes y redondas, pitillo en los labios, camisa blanca, traje cruzado y pajarita.

Aunque viste así hasta su muerte -en raras ocasiones, en público, se le ve con otro atuendo- también sabe ser "camaleónico" y se muestra puntualmente con la camisa abierta mostrando el pecho junto a Pablo Picasso o con la gorra de obrero en la Unión Soviética.

"Le Corbusier creó menos de un centenar de edificios, es muy poco, pero desde el inicio hizo teoría sobre su arquitectura, publicó libros, viajó mucho, dejó una huella escrita que influyó mucho en su época y que permite seguir estudiándolo hoy en día", explicó a Efe Annouk Hellmann, jefa del proyecto Le Corbusier 2012.

"Pero sobre todo, supo cultivar su imagen, hizo una marca de si mismo", agregó.

Un icono que Le Corbusier -cuyo seudónimo nació de una derivación del nombre de sus bisabuelo materno, Lecorbésier- expandió, a propósito, por todo el mundo, dejando en todos los casos huellas gráficas:

Construcciones en Francia, Argelia, la URSS, y la India; encuentros con Jawaharlal Nehru o Albert Einstein; viajes a Estados Unidos y Sudamérica, que le llevarían a colaborar con el inefable y longevo arquitecto brasileño Oscar Niemeyer.

El arquitecto cuida su imagen y su imagen "vende". Por lo que Le Corbusier ahonda más en esa "presencia", al exhibir fotográficamente sus obras: deja las gafas encima de una mesa o aparca su coche frente a uno de sus edificios.

Unos clichés tomados por fotógrafos profesionales (Lucien Hervé, Robert Doisneau, René Burri) contratados por él que retratan millares de veces sus construcciones, y tras una minuciosa, crítica y a veces brutal edición del propio arquitecto, son imprimidas y publicadas en revistas y libros.

Fueron más de treinta, de los cuales controlaba tanto la concepción visual como la material, eligiendo el formato, la calidad del papel o los caracteres tipográficos.

"Le Corbusier era muy exigente consigo mismo y también con los otros -explica Hellmann- y era un obsesivo del control, era parte de su personalidad".

Considerándose a si mismo como un artista global -pintor, escultor, grabador, urbanista- y preocupado a partes iguales por la ergonomía y por la convivencia social, desarrolla tanto el concepto del "Modulor", como las famosas "unidades de vivienda".

El "Modulor" es una concepción arquitectónica, un sistema de proporciones estandarizadas que toma como base métrica el cuerpo humano para crear un espacio confortable y ergonómico.

Le Corbusier utilizó el Modulor para construir muchos de sus edificios, incluidas las cinco "unidades de vivienda" que logró edificar y que son, hasta hoy, un ejemplo de convivencia social y de concepción arquitectónica.

"Hay que visitarlas y estar dentro para comprender su significado y su eficacia", aseveró Hellmann, al destacar el enorme esfuerzo de concepción teórica y la excelente concreción de estos edificios que albergan hasta un millar de personas que comparten no solo escaleras, pasillos y ascensores, sino piscina, panadería, guardería y cuerpo de bomberos.

"Fue muy novedoso en su momento, y es un modelo que no se repitió, pero que sigue funcionando casi siete décadas después", apuntilló.

A pesar del uso (y abuso) transversal que hizo de la fotografía, Le Corbusier confesó al final de su vida que la fotografía le daba "menos placer" que dibujar.

"Cuando me di cuenta -relató- que confiando mis emociones a un objetivo olvidaba hacerlas pasar por mí, algo que es muy grave, decidí dejar la Kodak y volver a coger el lápiz", reseñó Efe.

Hace dos años dio inicio al proyecto piloto y, como pudo –a veces escondida, en ocasiones infiltrada por un profesor o con la ayuda de un pran–, entró a centros como Tocuyito (Carabobo), San Juan de Lagunillas (Mérida), Santa Ana (Táchira), el Rodeo y el Instituto Nacional de Orientación Femenina (Miranda).


Violette Bule cambia el ocio por clases de fotografía en las cárceles

La artista muestra en Tokio las imágenes que ella y reclusos han registrado en centros penitenciarios

Después de hacer un trabajo fotográfico para la Orquesta Sinfónica Penitenciaria, Violette Bule se sensibilizó con lo que vio en las cárceles venezolanas. Con la idea de apoyar a través de una forma de expresión artística la reinserción social de los reclusos, la fotógrafa empezó a dictar talleres cortos en varias prisiones para motivar a los participantes a cambiar sus vidas.

Hace dos años dio inicio al proyecto piloto y, como pudo –a veces escondida, en ocasiones infiltrada por un profesor o con la ayuda de un pran–, entró a centros como Tocuyito (Carabobo), San Juan de Lagunillas (Mérida), Santa Ana (Táchira), el Rodeo y el Instituto Nacional de Orientación Femenina (Miranda). En cada uno ofreció cursos de 5 días de duración. Les llevó a los estudiantes cámaras desechables y compartió con cerca de 200 presos conceptos básicos de fotografía como la composición. El resultado la sorprendió gratamente: “Fue realmente inesperado porque uno piensa que verá cosas muy duras en las cárceles, pero fue todo lo contrario, encontré cosas maravillosas. Es una herramienta que ha permitido dignificar a la gente que está en los centros penitenciarios. Las fotografías que capturaron son grandiosas. Hay unas que incluso pareciera que se hicieron en otro contexto, ajeno a una prisión, aunque al mismo tiempo ves que se repiten motivos: hay una búsqueda hacia la libertad, el cielo… Son de los mejores alumnos que he tenido”.

Del trabajo de los reos y la artista nació una exposición, De la lleca al cohue (De la calle al hueco), que desde hoy se exhibirá en el Tokio Wonder Site, un centro de arte contemporáneo adscrito a la Fundación Metropolitana de Historia y Cultura de Tokio. En marzo, la muestra llegará al Museo de Arte Contemporáneo de Caracas.

“No esperaba que el proyecto viera luz de esta manera, pero gracias a Helena Acosta, que ganó el concurso curatorial para exponer en el Tokio Wonder Site, es que se lleva la exhibición a ese país. A ella le agradezco enormemente que estas imágenes puedan ser vistas por los japoneses. Además, habrá conferencias y talleres”, señaló la fotógrafa.

Bule desarrolló un sistema de pedagogía para que el programa de fotografía se incluya en los centros penitenciarios como mecanismo de reinserción social: “Todo está listo, lo que hace falta es que el Estado nos apoye, que diga que es pertinente”.

Mientras, la creadora planea seguir impartiendo los talleres como pueda: “Es muy difícil entrar a las prisiones. En un principio entraba con la orquesta, sus miembros me ayudaban clandestinamente, pero ellos atraviesan una etapa difícil, porque no le han dado más presupuesto a la agrupación. Hemos hecho contactos con gente que no son meramente institucionales. Hay otros que también han ideado iniciativas para mejorar la vida de los reclusos, que son personas que están realmente copadas de ocio. Lo más lamentable es que la mayoría son muy jóvenes”.

En sus visitas a las cárceles, Bule ha vivido situaciones tensas. Recuerda que una vez debió abandonar el taller a la mitad porque se produjo una riña. “Los mismos presos te cuidan, me decían: ‘¡Profesora, tiene que salir¡’. A veces, sin embargo, las tensiones se viven justo antes de entrar, te ponen muchas trabas. En cambio, en los reclusos siempre he encontrado disposición. Yo, por ejemplo, soy muy estricta con ellos, no pueden faltar a clases, y si lo hacen no les doy el certificado. Además, todos tienen mi correo y muchos esperan con fe salir de prisión y escribirme para poder continuar los estudios de fotografía”.

Violette Bule
De la lleca al cohue
Tokio Wonder Site, Japón
Inauguración hoy 

La nueva Compañia de Teatro, si, la dirigida por Isaac Chocrón vista a la luz del chavismo


“Trabajamos para todos los venezolanos, sin discriminación”

El director de la Compañía Nacional de Teatro, Alfredo Caldera / Manuel Sardá
El director de la Compañía Nacional de Teatro, Alfredo Caldera / Manuel Sardá
Infraestructura, formación, investigación y apoyo financiero son las principales necesidades del sector teatral, reconoció el profesor de Unearte. También dijo que es importante escuchar más al poder popular

La sede de la Compañía Nacional de Teatro está en el piso 17 de una torre que sobrevive al caos de Bellas Artes, entre los motorizados, los vendedores ambulantes y las construcciones de Misión Vivienda. Algunos identifican el lugar como el edificio José Vargas, otros simplemente como la sede de la CTV. Allí, luego de utilizar un ascensor que parece más una montaña rusa, espera Alfredo Caldera. Desde septiembre es el nuevo director de la Compañía Nacional deTeatro, institución que próximamente se denominará Centro Nacional de Teatro, por políticas culturales. 
Caldera es sociólogo, pero ha dedicado toda su vida a las artes, en especial a la producción teatral. Es profesor en Unearte y trabajó en Fundarte, junto con Freddy Ñañez. Es además director e iluminador. “Estar al frente de una compañía significa ser excelente gerente, es escuchar a tu equipo, delegar y trabajar en conjunto. Creo que esa es la receta”.
—¿Cuáles serán sus próximas acciones como director de la Compañía Nacional de Teatro?
—Hasta ahora se siguen ejecutando las líneas de programación que el maestro Eduardo Gil inició durante su gestión. A nosotros nos tocará avanzar en la transformación de la compañía en centro, así pasará a ser el órgano rector de la política cultural teatral de toda Venezuela. El cambio se dará cuando la Procuraduría dé el visto bueno a toda la parte jurídica.
—¿Eso qué implica?
—Las políticas culturales se van a generar desde el centro. Todo lo relacionado con investigación, formación y apoyo a la creación. Los lineamientos aún los estamos estableciendo, todavía tenemos que validar los programas con el poder popular en término de organizaciones, como la red de teatros o los colectivos organizados en todo el país. Con respecto a este asunto ya se han realizado algunas reuniones. Hemos visitado poco a poco los estados para ver cuáles son las necesidades.
—¿Y ya determinaron cuáles son?
—Esa es la tarea que tenemos. Para eso, antes de establecer las políticas del centro, estamos haciendo un diagnóstico de la situación. Ya disponemos de algunos elementos, pero se continuará el trabajo para conocer la mayor cantidad de necesidades que tiene el área. Con el proyecto de las 24 coproducciones teatrales hemos tenido la oportunidad de visitar los estados y reunirnos con los colectivos, lo que continuaremos haciendo hasta que termine el año.
—Pero, ¿con quiénes se han reunido hasta ahora? ¿Cuáles son las principales carencias?
—(Pausa) Algunas están relacionadas con la infraestructura, otras con la formación, la investigación y el apoyo a la creación desde el punto de vista de financiamiento. Básicamente eso.
—Existen, por ejemplo, solicitudes en cuanto a cantidad de salas o la importancia de una política teatral definida… ¿Qué van a realizar desde el centro para atender estas necesidades del sector?
—Eso te lo puedo responder el año que viene, después de que haga completamente el diagnóstico. Ya hemos visto que hay estados donde se necesitan salas, otros donde hace falta refaccionar las que existen y algunos que necesitan dotación.
—¿Por qué es necesario cambiar el nombre de compañía a centro? 
—Porque un centro nacional tiene que ver con el órgano rector. La Compañía Nacional de Teatro se centra en la producción, mientras que el centro estará orientado a la generación de políticas culturales.
—Además de las 24 coproducciones teatrales, ¿qué otros proyectos lleva a cabo la compañía?
—Un área en la que nos enfocamos es la de producción de textos de relevancia para Venezuela. En agosto pasado montamos Cajita de arrayanes con mucho éxito y antes de que finalice el año habrá cuatro funciones más de la obra. Tenemos también un proyecto con las comunidades, que estamos desarrollando actualmente en Carora y en Catia. Además, organizamos talleres-montaje, porque se determinó que era necesario para profundizar la formación. Y coordinamos un gran evento, que es el Encuentro de Colectivos Teatrales Latinoamericanos.
—¿Dentro de la programación de estas actividades no han previsto algún tipo de alianza para la utilización de espacios de otros municipios, como Chacao o Baruta?
—(Pausa) No te voy a contestar esa pregunta ahorita.
—¿Por qué no?
—Te la contesto después del 16 de diciembre… No. Esto es teatro para todos los venezolanos. Y estaremos en todas las áreas donde sea requerida la presencia de un teatro de autor, de relevancia para el venezolano.
—Dado que han tenido la oportunidad de visitar otros estados, ¿cómo observa la situación de la cultura en el país?
—El teatro goza de muy buena salud. Hay una gran cantidad de agrupaciones y hay que entender que Venezuela tiene tantas formas teatrales como estados existen. Hay un florecimiento en el área que se vio expresado en la convocatoria que se realizó para las 24 coproducciones y otras obras que formaron parte de la programación del circuito de salas de la ciudad, además de las que se proponen para el Festival de Teatro de Caracas que organiza Fundarte. Uno ve la cartelera teatral en los diarios nacionales y se da cuenta de que hay una diversidad.
—¿Qué le responde a quienes señalan que la Compañía Nacional de Teatro no tiene la calidad de otros años?
—(Pausa) Esta es otra Venezuela. En los años ochenta y noventa la compañía respondía al tipo de país que existía. Sin embargo, desde 1999 ha habido una transformación en el área cultural y evidentemente las instituciones del Estado se adaptan a estos cambios. Pero todas nuestras producciones son de alta calidad. Trabajamos para todos los venezolanos, sin ningún tipo de discriminación.
—¿Cuáles son esas transformaciones? ¿Hacia dónde se orientan las políticas culturales que rigen a esta compañía nacional?
—Necesitamos escuchar más al poder popular.

Cronograma Defender El arte comunitario
Alfredo Caldera no quiso señalar cuáles son los proyectos de la Compañía Nacional de Teatro para el próximo año. Sin embargo, hizo énfasis en los dos con los que la institución cierra el año. El primero de ellos es la muestra de 24 coproducciones, cuya primera edición se celebró hace 7 años. El festival, que incluyó talleres gratuitos, consistió en presentar en varios estados del país las piezas de las compañías de las regiones.
El segundo proyecto, que comenzó ayer y durará hasta el 2 de diciembre, es el Encuentro de Colectivos Teatrales Latinoamericanos, una iniciativa que reúne a agrupaciones nacionales con algunas de Argentina, Brasil, Cuba, Guatemala, Chile, México y Uruguay. Además de ofrecer montajes, los integrantes de estos grupos dictarán conferencias y talleres enfocados en el teatro comunitario en el continente. Las actividades se desarrollarán, entre otros lugares, en el Teatro de Catia, el Teatro San Martín, el Teatro Cristo Rey del 23 de Enero y la plaza Diego Ibarra.