Yo soy

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jueves, 16 de abril de 2015

Dossier en homenaje al escritor Carlos Pacheco, quien nos dejó repentinamente el 28 de marzo de este año

Pacheco, el crítico

Carlos Pacheco | Foto: Manuel Sardá (Archivo)
Carlos Pacheco | Foto: Manuel Sardá (Archivo)
Dedicamos esta semana un Dossier en homenaje al escritor Carlos Pacheco, quien nos dejó repentinamente el 28 de marzo de este año. Oscar Rodríguez Ortiz escribe sobre él: “A partir de una posición inicial, Pacheco examina su propio decurso y no demora en calificar sus inicios como cientificistas, hasta arribar en el sexto decenio de su vida a la madurez humanística”. En su entrevista a Pacheco, José Castro Urioste se refiere al venezolano como “uno de los intelectuales venezolanos más destacados de su generación”

Para Luz Marina
DESDE LUEGO que, entre muchos, eligiendo unos pocos, términos tales como “comparatismo contrastivo”, “dolor de significación”, “novelas en miniatura”, “economía cultural”, “comarca oral”, así como también “comunidad imaginada” o “narración calidoscópica”, lo mismo que “viaje transcultural”, “cardumen narrativo” y muchos otros, enuncian de una vez por todas las peculiaridades verbales y conceptuales de Carlos Pacheco. Los  ha empleado  con verificable y repetido acierto para estudiar una gama muy diversa de textos  literarios. De distintas épocas, preferentemente las modernas y los actuales. Unos conceptos que vienen de un sistema, de una sólida teoría y se constituyen a su vez en un sistema crítico que, pese a la terminología, jamás rechaza al lector con un lenguaje oclusivo o un modo de razonamiento que no pueda seguir el lector atento, no necesariamente el especializado. Son, como diría otra vez Pacheco con su terminología específica: un texto crítico comunicado “competente y gentilmente a una lectoría interesada”. A no desperdiciar el juego con la palabra  lectoría, que remite nada menos que a “autoría”, una entidad que equipara los dos extremos de la obra literaria, su producción y su recepción. Ambos provienen de las doctrinas literarias prevalecientes en el momento: la obra como realidad de palabras o como realidad de comunicación.
Estos términos, separados aquí inicialmente de sus contextos y distintos en sí mismos en tanto a su valor teórico,  son sin duda  una de las vías  para seguir los rastros de un crítico que ha escrito y publicado sus trabajos a partir de los años setenta del siglo XX. La fecha dice mucho. La época  en que con toda precisión estos conceptos –sus similares o equivalentes– se dan cita en buena parte de las obras que estudian la diversidad del fenómeno literario. Se trata, en lo que nos concierne más, de un crítico venezolano a quien debemos nuevas esclarecedoras lecturas. Se trata, igualmente, de un crítico latinoamericano por sus temas y preocupaciones conceptuales que, además, exalta al máximo sus vinculaciones con la crítica latinoamericana que se escribe a partir de esa misma fecha y a quien la crítica de este continente reconoce luego entre los suyos, a su vez en una jerarquía de primera línea. Es  más, como Pacheco ha afirmado en diversos trabajos, su interés por la literatura venezolana fue posterior a su iniciación en la latinoamericana, toda vez que los estudios universitarios realizados en su mayor parte en el exterior, lo llevaron primero  a aquel propósito. Lamenta no haber concurrido al curso panorámico, al seminario específico, a la orientación profesional sobre la literatura de lo de aquí. Son sin embargo   ausencias que no han  notado sus alumnos ni resentimos sus lectores cuando nos enfrentamos repetidamente a sus solventes estudios de literatura venezolana.
Se consulta entonces el “diccionario” de uno de los más importantes críticos literarios de la Venezuela contemporánea. Detrás de esos términos están los años  dedicados a los estudios literarios, la investigación, la docencia,   prólogos, compilaciones, antologías, la concepción y realización de proyectos de obras colectivas, números monográficos de revistas, ponencias, participación en foros, artículos de prensa, traducciones, labor editorial, promoción cultural, espacios todos donde se mueve el crítico académico contemporáneo. Adelantando el argumento, justamente la época en la que la crítica  literaria venezolana cambió de sustentación y de rostro y pudo mostrar un elenco de nombres particulares a quienes prestar atención y de la cual aprender lo nuevo en tanto novedad necesaria y no novelera  y lo nuevo del abordaje que ha resultado lo más interesante para entender el pasado reciente y remoto.
Las sonoras palabras “comparatismo contrastivo” se refieren al posible mejor modo de abarcar lo hispanoamericano y lo brasileño simultáneamente, en lo semejante y lo distinto, lo regional y nacional, lo antiguo y moderno al mismo tiempo, con el propósito de elaborar algún día una historia de la literatura continental, proyecto colectivo o utopía en el que ha estado Carlos Pacheco junto a muchos otros desde hace tiempo. “Dolor de significación” es un concepto central para poder  tener acceso  a la sustancia de la obra de Roa Bastos, el desterrado autor de Yo el Supremo. Para tal novela Carlos Pacheco redactó uno de los más memorables prólogos de Biblioteca Ayacucho en los años ochenta. “Novelas en miniatura” es un modo acaso más eufónico y no manualesco de llamar  a las cinco novelas cortas de Ednodio Quintero, aplicable a otros escritores. “Economía cultural” es una de las miles de  expresiones útiles en los estudios culturales latinoamericanos de esta época. “Comarca oral”, más metafórico, enuncia uno de los temas y rasgo cultural latinoamericano a los que el autor ha dedicado más tiempo, su caballo de batalla. Esa comarca forma un volumen completo. De hecho es una expresión tan cara que sus distintos mails la contienen. “Comunidad imaginada”, equivalente de la tan  mal usada o gastada “imaginario” –adjetivo sustantivado de proveniencia gálica– habla del país que se proyecta desde la vivencia de lo nacional en varias fechas que conciernen a los siglos XIX y XX. La “narración caleidoscópica” como el “viaje transcultural” son dos propósitos de someter la tradición de lectura de la novela Cubagua a una nueva vía de acceso gracias a las renovadas teorías de los fenómenos culturales latinoamericanos. “Cardumen narrativo” alude a los cuentos de Antonio López Ortega.  Sin embargo en esta galería de términos no debería pasarse de largo por un sustantivo que es frecuente y continuo a lo largo de los años en los trabajos críticos de Pacheco, el  humilde “pespunte” con el cual se permite describir su tarea de costura literaria. Dice el DRAL que es pasar la aguja dos vences por el mismo lugar. Es lo que queda resaltado y Pacheco aprovecha para buscar significaciones. Toda esta terminología no anuncia entonces un enfoque tecnocrático y autoritario de la crítica  literaria, profesoral, en el mal sentido. Al contrario. Hasta en las excursiones más teóricas aflora la vivencia personal del lector concernido y emocionado.
Tales términos facilitarían asimismo hacer el repaso de algunos momentos de la obra crítica de Carlos Pacheco en busca de su definición de crítica literaria. Es  un concepto centralísimo en quien expone permanentemente una clara conciencia que resulta evidente a la lectura. El lector de su trabajo crítico se da cuenta de que el autor a su vez se da cuenta de lo que es la crítica y con tal concepto razona todos sus asuntos. Comenzando por el final, cuando la experiencia de treinta y tantos años de labor ya enuncian su modo definitivo: que no existe una sola vía analítica o interpretativa que pueda dar cuenta de la totalidad literaria, derivada de que no hay un único acercamiento a la verdad real o ficticia de la literatura. Que la crítica parte del presupuesto inseguro de que la realidad no es tenida por estable, que las herramientas para abordarla tampoco son seguras en sí mismas. No hay nada único, exclusivo o para siempre. El observador no pronuncia las palabras definitivas. Cuando estudia las concepciones de la  crítica  en un fecundo autor como Alfonso Reyes –como se sabe, uno de los pocos autores continentales en tener una teoría literaria propia– encuentra que al final de su evolución, en el dilema entre lo sistemático y lo disciplinado contra lo artístico e intuitivo, vence el creador y el maestro Reyes pasa de crítico a ensayista: el crítico que corona su tarea sabiendo que ha  de iluminar el camino del hombre. Supremo ejemplo en la cultura latinoamericana. Suprema inspiración para quien quiera apostar por la crítica ideal: define, describe, analiza, ordena, relaciona. A Pacheco pues le interesará entender la complejidad y diversidad inabarcable del fenómeno literario. A partir de una posición inicial, Pacheco examina su propio decurso y  no demora en calificar sus inicios como  cientificistas,  hasta arribar   en el sexto decenio de su vida a la madurez humanística: “Ninguna exigencia metodológica o ideológica debe separar al crítico del placer de la lectura y la escritura. En estas prácticas, al menos para mí, debe haber sistema, orden, plan; pero antes debe haber interés, disfrute, espontaneidad, conexión empática.” Habla también como muchos otros críticos del “hiperlector” que refiere, desde luego,  lo que él piensa es un crítico literario como evolución de sus creencias anteriores hasta llegar a su posición presente. Ha habido el recorrido del conocimiento a la sabiduría.
El de Pacheco, no es, desde luego, un caso único o aislado en la historia de la crítica aunque sí expone  una nota  personal que le ha permitido, sin caer en un potage ecléctico, mantenerse por encima de los dogmatismo doctrinales y analíticos, así como de las sucesivas modas y tics que ha conocido esa misma historia literaria occidental y latinoamericana en todos los años que Pacheco lleva trabajando. A destacar, también inmediatamente,  como un peculiar rasgo  más que estilístico de estilo intelectual, el que en todo ese tiempo haya rehuido las varias jergas –la “tecniquerías” de que hablaba Unamuno en su época- que se han sucedido unas a las otras en tan largo tiempo y han pugnado por ser el metalenguaje exclusivo de la academia entre la era estructuralista y posestructuralista, el universo de la posmodernidad y la crítica cultural, la multiculturalidad, etc. Claro y clarificador. Afán de entender lo otro. Serio pero no solemne. No se observa tampoco que haya hecho uso de sus estudios y ponencias para adelantar una pugnaz campaña contra las  concepciones críticas ajenas o contra particulares escritores con los que antagoniza. Nada de descalificaciones, intemperancia polémica o de la amargura de ver que otros piensan distinto. Ningún desdén hacia las letras venezolanas, desdén que es  producto, dice, de una baja autoestima En sus trabajos escritos y éditos no se busca acentuar el relumbrón del hallazgo, la puya y la burlita, la ironía, el lucimiento. Es, repitámoslo, un estilo intelectual sosegado y equilibrado, caballeroso, en el que, cosa muy curiosa, quien resulta protagonista de sus trabajos críticos sobre obras, autores, períodos, conceptos, son todos estos y no la persona del crítico, que sin embargo está presente como subjetividad interpretadora, abierto con sinceridad a percibir lo que autores, obras, períodos, conceptos signifiquen. Ese estilo es una toma de posición ante sí mismo y ante el mundo. Perspectiva sorprendentemente apolínea, a la que no falta un poco de humor, que acaso facilite leer como un continuo su trayectoria en busca  de sus puntos de concentración.
Ideando periodizaciones que todavía no han sido establecidas y mucho menos aceptadas, sería muy restrictivo llamar a los finales de los años setenta en la cultura latinoamericana la época del posboon (se debería decir, como se acepta, bún). El término causa malestar. La polémica de la década anterior estaba cancelada en la fundamental o apenas daba coletazos. El pleito había quedado empatado toda vez que los adversarios  de ambos bandos no habían ganado o impuesto una sola respuesta a la demanda de si fue un fenómeno cultural o un hecho de mercado. Ahora había otras obras que demandaban el interés de los lectores y exigían otras posturas críticas para entenderlos y ubicarlos. Con el tiempo, que hace la historia, tal vez al más famoso tema del momento haya sido la narrativa de los dictadores cuyos argumentos externos más notorios era que un grupo de narradores, independientemente, editaran simultáneamente en el curso de pocos años novelas sobre tal tema y que esas obras se convirtieran en fenómenos editoriales, menos que el bún, pero parecido. Y desde luego el significado de ese tema para la especificidad de la cultura y las sociedades latinoamericanas. Aquí se inicia Pacheco como crítico al producir varias monografías. El resultado de su trabajo se verá, por ejemplo, en 1987 en el volumen Narrativa de la dictadura y crítica literaria pero principalmente en el prólogo que escribe a Yo el supremopara Biblioteca Ayacucho, volumen publicado en 1986   aunque redactado mucho antes.
Será el primero de sus temas, temas que en la crítica de Pacheco funcionarán como ciclos que se extienden a lo largo del tiempo. Fenómeno a la vez  social y literario al mismo tiempo. La penetración de ese corpus narrativo lleva a la necesaria especialización en Yo el Supremo que es la suma y cumbre de semejante tema. De hecho, la obra de Roa Bastos llegará a representar una de las obras más difíciles, compleja, elusiva y de múltiples significados en la historia literaria latinoamericana. A ella dedica Pacheco diversos  acercamientos graduales, particularmente tres a destacar aquí. Se parte del presupuesto de que esta novela es inabarcable en sí misma, que ninguna de las doctrinas y métodos que se le apliquen llegarán a agotarla. En un trabajo de 1982, en un Simposio de la Universidad de Maryland, inicia la exploración de las primeras claves de una lectura polifónica, que continúa en un trabajo publicado en 1994 en la RevistaLiteraria Latinoamericana y en el prólogo a Yo el Supremo de Biblioteca Ayacucho. En los tres se examinan y esclarecen las perspectivas dialógicas de Bajtin, su famosa polifonía tan apta para estudiar progresivamente los arcanos enigmas de la novela paraguaya. Se estudia su intertextualidad, el interjuego y la parodia. Yo el supremo, dice, no es la solución de problemas sino una plataforma de lanzamiento de problemas para el crítico y el lector,  obra que a su vez no es un juicio condenatorio o reivindicativo de una determinada realidad social, política, estética o moral. Ninguna crítica es suficiente, ninguna dará cuenta definitiva de un libro que se propone como la obra absoluta e imposible. Este es el efecto que la obra estudiada  tiene en la conciencia del crítico y en su vivencia de lo que es la crítica.
Esta temática viene de sus tiempos de investigador en el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. Esa época singulariza la aparición formativa de la primera generación de un equipo de críticos que posteriormente tendrán relieve en las tareas  académicas y en la elaboración de conocimientos. En este caso grupal el tiempo lo ha demostrado. La futura historia de la crítica en nuestro país tendrá que dar cuenta en su día de este conjunto de investigadores institucionalizados como de un período preciso a partir del cual se historie el capítulo contemporáneo. Segundo capítulo de la crítica académica iniciada en los años treinta en nuestro país. En los treinta y cuarenta y en los sucesivos los núcleos fueron el Instituto Pedagógico y la Facultad de Humanidades de la Universidad Central. De ellos egresan, respectivamente, nada menos, Domingo Miliani del Pedagógico, Guillermo Sucre y Orlando Araujo de la UCV. Les sigue con el tiempo la creación del Instituto de Investigaciones Literarias de la UCV y la creación de entes similares en otras universidades. Más tarde vienen las tareas de posgrado y doctorado latinoamericanista de la Universidad Simón Bolívar. El CELARG fundado por Domingo Miliani  pretendía ser una especie venezolana del Colegio de México. De este último núcleo sale Carlos Pacheco. Crítica latinoamericanista y estudios latinoamericanos, pero ¿hay otra posible para un crítico paraguayo, hondureño o venezolano?
De sus inicios Pacheco hace pronto un balance: “Leída veinte años más tarde, varios rasgos se hacen evidentes en la crítica que practicábamos entonces: uno, el afán documentalista, que nos enseñó el rigor en el manejo de fuentes, aunque al mismo tiempo nos convertía en obsesivos coleccionistas de datos y fichas bibliográficas; dos, el impulso contextualista, que nos llevaba a insertar y hacer dialogar el corpus literario bajo estudio con el presente socio-histórico; tres, la exigencia de un fundamento histórico actualizado; cuarto, la confesa y militante asunción de una voluntad pragmática y una posición ideológica de orientación genéricamente marxista; y cinco, la consideración de todos  nuestros objetos de estudio en el marco de una dimensión latinoamericanista.” Mucho más tarde confiesa también: “Podríamos hoy ser bastante críticos de aquellos primeros palotes de nuestra carrera, especialmente en lo que se refiere al mencionado fanatismo documentalista y sobre todo a esa certeza ideológica que sentíamos invulnerable hasta lindar con la intolerancia.”
Junto a la novela de los dictadores, acaso por exigencia misma del género literario, Pacheco se interesará simultáneamente por la llamada “novela histórica” que es una  manera de estudiar la relación entre tiempo y ficción. Un repaso a la bibliografía principal de Pacheco daría como estadística que a este último tema ha dedicado no menos de diez sustanciosos trabajos, mientras que al tema de los dictadores dedicó seis y a la obra de Roa Bastos once. Este tema relaciona la obra de Pacheco con una larga tradición latinoamericana en la que se estudian los aspectos socio-históricos de los textos literarios. Registro crítico que a partir de los años ochenta del siglo XX se ofrece como medida de la producción cultural ante la historia. Además, si bien Pacheco  acepta el magisterio de Ángel Rama, de Julio  Ramos y las otras estrellas de este universo, su crítica no es crítica del discurso ni cae en la trampa de la terminología gongorina como aquella de la “práctica transnacionalizada”, “discurso metropolitano” u otros términos semejantes. Crítica sin temor de lo “políticamente correcto”, o a lo “críticamente correcto” para la época.
Que la ficción sea una historia alternativa conecta con el siguiente gran tema de Pacheco: la oralidad. Veintiún trabajos ha dedicado al asunto en su bibliografía principal. Parte de la certeza muy contemporánea del desmembramiento del logocentrismo, así como del eurocentrismo y el etnocentrismo por la visión alternativa y la diversidad. Antes de la historia y antes de las grandes narrativas, como diría el pensamiento de la época, está el texto hablado. Este es distinto del glosario al que tuvieron que apelar las narrativas criollista y nativistas. En  la oralidad hablan los ágrafos. La palabra escrita no basta para comprender las variedades de la cultura.
Este texto hablado es el  origen del más acentuado interés temático de Pacheco: el cuento. Ha recordado como experiencia biográfica su vinculación con el cuento contado en su infancia y luego su dedicación privilegiada hasta convertir el cuento en el género literario preferido, incluso sobre la novela que tan puntualmente estudió porque el cuento es esencialmente ficción. Este interés se volcó en una pieza singular trabajada en compañía de Luis Barrera Linares: El cuento y sus alrededores. Aproximaciones a una teoría del cuanto publicada originalmente en l993 y ampliada el 97. Se trata de la recopilación de la poética del género, de Poe a Cortázar con trabajos decisivos. Para Pacheco significó al hallazgo como crítico y lector de un concepto angular y acertadísimo: la “competencia cuentística” que juega, como se sabe, con el concepto lingüístico de Chomsky. Necesidad de una definición para la comprensión académica del fenómeno, según las estrictas exigencias de un crítico que debe atender a la narratividad y ficcionalidad del texto, pero asimismo al placer y entera aceptación de que en el cuento siempre queda un no sé qué inexplicable. De la misma manera el interés de Pacheco no podría  excluir de sus consideraciones un hecho como el llamado “minicuento”, tipo discursivo nuevo, en formación, reciente en la historia, tanto en Venezuela como en el mundo. No menos la repetida incidencia del cuento en la historia de la narrativa venezolana de ayer y hoy con su renovado auge en nuestros días, pese a la competencia comercial de la novela, también en auge. Él habla de tsunami narrativo. Posteriormente Pacheco, esta vez en compañía de Antonio López Ortega y Miguel Gomes, realiza la trabajada antología en dos tomos La vasta brevedad. Antología del cuento venezolano del siglo XX. Su discurso de incorporación a la Academia Venezolana de la Lengua fue el homenaje de lector empedernido al cuento de su país y a los excelentes practicantes de la esa narrativa en nuestro tiempo. En la actualidad Pacheco trabajó con Carlos Sandoval y Barrera Linares un asunto que llena de expectativas a los lectores seguidores y practicantes del género literario y de los libros de Carlos: establecer el canon del cuento venezolano. Cuántas controversias y coincidencias anunciaba ya semejante enunciado.
La trayectoria crítica de Pacheco pasa, como no ocurre con frecuencia en otros críticos, por el trabajo de grupo. Como autor o codirector ha participado en las dos mayores experiencias de la crítica literaria en tanto conjunto ocurridas durante los últimos recientes tiempos. El primero es el volumen colectivo Nación y literatura, preparado con Luis Barrera Linares y Beatriz González Stephan. El libro recoge de la dispersión y ensambla en la unidad 60 trabajos críticos  de 57 autores que van desde la formación de la sensibilidad criolla a la cultura petrodemocrática. Es una suerte de balance generacional pese a la diversidad y heterogeneidad de los participantes. El libro colectivo y representativo de una generación y una época. Recuerda que la crítica académica venezolana tuvo se segunda etapa en los años setenta del siglo XX y era natural y resultaba natural y exigente que mostrara su patrimonio al finalizar el milenio. Su subtítulo señala, por una parte, la preocupación muy contemporánea de la crítica latinoamericana por entablar una relación entre el proceso literario y el proceso de la nación. Por otra parte, que es solo un fragmento de la intelección de la literatura: es el itinerario de la “palabra escrita” en la cultura venezolana. La magnitud e importancia de este volumen editado permite prefigurar lo que habría sido, de editarse, la obra monumental que este mismo equipo de profesores se impuso para elaborar a finales del XX y primeros comienzos del nuevo siglo Medio milenio de literatura venezolana, que ha venido quedando inédito por diversas razones editoriales. Muchos más temas y colaboradores para una obra de tres volúmenes.
Una magnitud semejante tiene en el terreno de la crítica literaria contemporánea de Venezuela la obra con la que Carlos Pacheco corona su trayectoria de escritor. Se trata de la publicación más o menos simultánea de tres volúmenes en los que se recoge su obra dispersa de más o menos treinta años. Bajo el nombre común de “Ojo crítico” se juntan los trabajos dedicados respectivamente a la teoría y práctica del cuento, al uso de la crítica y los intelectuales latinoamericanos, a la ficcionalización de la historia en la hispanoamericana y por último a la oralidad y la escritura  en esa misma literatura. No es común, más bien es excepcional, que un crítico se disponga a publicar de manera sincrónica su valoración de la época moderna de la literatura del continente y de su país.
Sus trabajos en equipo y los personales que apenas hemos mencionado singularizan la labor de quien, para la segunda decena del siglo XXI, representa el crítico venezolano más representativo. En el futuro, cuando se compile el canon de la crítica literaria venezolana  de esta época el peso de los aportes de Pacheco que se perciben hoy   no tendrá sino su confirmación

Una vez más, por favor es la historia autobiográfica con la que el dramaturgo rinde homenaje a la mujer más importante de su vida y es también el regalo de cumpleaños que se obsequian a sí mismos los fundadores de Teatrela, agrupación que este año llega a tres décadas de trayectoria. Diana Volpe, Costa Palamides y Juan Carlos Azuaje son los fundadores del colectivo que nació en 1985.

Teatrela se regala una obra sobre el arte y el amor de madre

Una vez más, por favor será escenificada por la agrupación Teatrela y dirigida por Costa Palamides | Foto: Archivo
La pieza fue montada por primera vez en 2004 | FOTO CORTESÍA TEATRELA
Una vez más, por favor de Michel Tremblay es el montaje con el que la agrupación celebra tres décadas de trayectoria 

La madre de Michel Tremblay lo forjó como artista sin saberlo. El dramaturgo francocanadiense vivo más importante del momento le debe buena parte de su ingenio a los momentos, dulces y amargos, que compartió con su mamá, una mujer que con su histrionismo le enseñó a Tremblay que el mejor curso de actuación se aprende con nueve meses de embarazo.
Una vez más, por favor es la historia autobiográfica con la que el dramaturgo rinde homenaje a la mujer más importante de su vida y es también el regalo de cumpleaños que se obsequian a sí mismos los fundadores de Teatrela, agrupación que este año llega a tres décadas de trayectoria.
Diana Volpe, Costa Palamides y Juan Carlos Azuaje son los fundadores del colectivo que nació en 1985. El trío se reúne una vez más para reponer la pieza que estrenaron en 2004. “Esta obra nos ha traído muchas satisfacciones. Es una pieza ideal para celebrar un aniversario porque habla del teatro y la vida, y de cómo el amor maternal alimenta el mundo de un teatrero”, cuenta Palamides, director de la pieza.

Volpe se coloca los tacones de la madre de Tremblay (interpretado por Palamides). “Me gusta mucho hacer este montaje con Costa, aunque jamás podría ser su madre (risas). Refleja lo histriónico que puede volverse un personaje para conseguir las cosas. Es una metáfora de nuestra vida dentro y fuera del escenario” afirma la actriz.
Michel Tremblay hace un monólogo inicial en el que se apoya de distintas metáforas de la literatura teatral para presentar a la figura más universal de todas: la madre. El dramaturgo hace un ejercicio de abstracción en el que emprende un viaje que lo transporta al momento en el que tan solo tenía 10 años de edad.
Pasa por la pubertad de los 13, por el existencialismo de los 16, la turbulencia de los 18, y la madurez de los 20, momento fundamental en el que se definió su carrera y el camino que sigue transitando gracias a la ayuda indirecta de su madre, que con sus tertulias y su influencia intelectual lo hizo amar el teatro.
Ese mismo sentimiento lo expresan los “sobrevivientes” de Teatrela, una agrupación que ha centrado su línea de investigación en la dramaturgia latinoamericana desde el primer montaje que realizaron La farsa del amor compradito de Luis Rafael Sánchez.
Desde ese entonces, y durante las tres décadas de vida de Teatrela, Volpe, Palamides y Azuaje han compartido el timón del grupo por la que han pasado actores como Nirma Prieto, Marisol Matheus, Eulalia Siso, Norma Monasterios, Ludwig Pineda, José Gregorio Martínez, Delbis Cardona y Sixto Sánchez, entre otros.
Para Palamides, la clave del éxito de la agrupación radica en la pasión por el arte. “Nuestro trabajo es un acto de fe. Hacer teatro en Venezuela es muy cuesta arriba, bien sea por falta de apoyo del sector privado o público. Es una lucha fortísima a la que debes dedicarte por entero”, afirma el director, quien considera que quienes hacen vida sobre las tablas necesitan protección legal. “No hay una ley de teatro, no sabemos si la ley de cultura nos ampara. Estamos luchando por algo que el mundo ha dignificado siempre. No contamos con una pensión. Sería maravilloso poder vivir con lo que genera tu trabajo en escena y no tener que complementarlo con tantas cosas”.
Volpe, Palamides y Azuaje gozan de una intensa vida sobre las tablas, dentro y fuera de Teatrela. Actualmente tienen un galpón en San Martin que les sirve como depósito y taller para sus montajes.

La danza toma espacios no convencionales. Ayer, en los talleres del Teatro Teresa Carreño, se inauguró el ciclo Caracas contemporánea baila en red, una iniciativa que permitirá admirar el trabajo de varias agrupaciones de baile durante los meses de abril, mayo y junio.

La danza contemporánea marca el ritmo de la ciudad

El ciclo cerrará en junio con las compañías Mudanza y Pisorrojo | FOTO CORTESÍA TTC
El ciclo cerrará en junio con las compañías Mudanza y Pisorrojo | FOTO CORTESÍA TTC
Diversas agrupaciones de baile se reunirán en los espacios abiertos y talleres del Teatro Teresa Carreño, hasta el mes de junio, para mostrar sus propuestas

La danza toma espacios no convencionales. Ayer, en los talleres del Teatro Teresa Carreño, se inauguró el ciclo Caracas contemporánea baila en red, una iniciativa que permitirá admirar el trabajo de varias agrupaciones de baile durante los meses de abril, mayo y junio.
Colectivos de danza independiente decidieron articularse para crear una plataforma común que les permitiera dar a conocer sus propuestas. Fue así como Sieteocho, la Fundación Compañía Nacional de Danza, Nóveles Creadores del Ballet Teresa Carreño, Mudanza y Pisorrojo, entre otras, sumaron su talento para este festival que tuvo como preámbulo la presentación deLa señora Venus y el diablo de la compañía Agente Libre.
El director del grupo, Félix Oropeza, considera que el evento representa una oportunidad para nutrir sus visiones como artistas. “La diversidad es una de las características de la danza capitalina. Podemos admirar múltiples técnicas y propuestas de cada compañía. Algunas tienen mayor fortaleza en expresión corporal, otras en dramaturgia. Al final, es un ejercicio de retroalimentación en el que tenemos a un público de testigo”.

El ciclo se inauguró ayer con dos piezas: Viaje vertical, trabajo de la agrupación Sieteocho basado en las obras más importantes de su repertorio, y El juego de jugar de Luis Armando Castillo, a cargo de la Compañía Nacional de Danza Contemporánea.
La próxima semana será el turno de Nóveles Creadores del Ballet Teresa Carreño y Amaká, con montajes presentados en las ediciones del Laboratorio Coreográfico.
Taller de Danza Caracas, Um Gramo, Agente Libre y Caracas Roja Laboratorio se presentarán a finales de mayo. En junio cerrarán las compañías Mudanza y Pisorrojo.
Se estudia la posibilidad de realizar otra temporada con agrupaciones de danza urbana. “Estos géneros toman el escenario que sea. Una cancha o la sede de un ministerio son espacios de los que el arte se puede apoderar”, afirma Oropeza.
Viaje verticalTeatro Teresa Carreño
Hoy, 7:00 pm
Entrada: 100 bolívares

lunes, 13 de abril de 2015

“No volvería a leer ‘Las venas abiertas de América Latina’” El escritor uruguayo opina que ni el fallecido Hugo Chávez ni Barack Obama "entenderían el texto" de la obra "No creo en la literatura nacida de la razón" (12/08/1979) "Las venas de América Latina siguen abiertas" (6/10/2009) MARINA ROSSI São Paulo 5 MAY 2014 -


Galeano, en la Bienal del Libro de Brasilia. / F. R. POZZEBOM (AGENCIA BRASIL)
Desde su publicación en 1971, Las Venas Abiertas de América Latina, del escritor uruguayo Eduardo Galeano, se transformó en un clásico de la izquierda latinoamericana.
En la obra, el autor analiza la historia del continente: la explotación económica y la dominación política a la que ha sido sometido, desde la colonización europea hasta los años setenta, época de su publicación. Esto, en el contexto de la Guerra Fría (1945-1991), y cuando se ponía en marcha la era de las dictaduras militares en América Latina.
El libro de Galeano era tan identificado con las ideologías revolucionarias y de izquierda que fue proscrito de Argentina, Chile, Brasil y Uruguay mientras estos países permanecieron bajo el yugo dictatorial. Galeano estuvo preso en su país tras el golpe de 1973 y después, obligado a exiliarse: primero en Argentina y después en España.
Cuarenta años después, Galeano confiesa que no leería nuevamente su libro más exitoso. “No sería capaz de leerlo de nuevo. Caería desmayado”. Así lo dijo durante una visita a Brasil el mes pasado, donde participó en la Segunda Bienal del Libro en Brasilia, realizada entre el 11 y el 21 de abril pasados. “Para mí, esa prosa de la izquierda tradicional es aburridísima. Mi físico no aguantaría. Sería ingresado al hospital”, dijo el autor, de 73 años, en una rueda de prensa recogida por Agencia Brasil y el blog Socialista Morena.
No me arrepiento de haberlo escrito, pero es una etapa que, para mí, está superada
El episodio demuestra que Galeano asumió un tono más mesurado para analizar el maniqueísmo político de otrora. “En todo el mundo, experiencias de partidos políticos de izquierda en el poder a veces fueron correctas, a veces no, y en muchas ocasiones fueron demolidas porque estaban correctas, lo que dio margen a golpes de Estado, dictaduras militares y periodos prolongados de terror, con sacrificios y crímenes horrorosos cometidos en nombre de la paz social y del progreso”, dijo el escritor. “En otras ocasiones, la izquierda ha cometido errores muy graves”, añadió.
Las Venas Abiertas de América Latina se publicó cuando Galeano tenía 31 años y, según el propio escritor, en aquella época él no tenía la formación suficiente para rematar aquella tarea. “[Las Venas Abiertas] intentó ser una obra de economía política, solo que yo no tenía la formación necesaria”, valora. “No me arrepiento de haberlo escrito, pero es una etapa que, para mí, está superada”.
En 2009, durante la Quinta Cumbre de las Américas, el expresidente de Venezuela, Hugo Chávez, le regaló un ejemplar de Galeano al presidente de los Estados Unidos, Barack Obama. En esa ocasión, la obra saltó de la posición 60.280 de la lista de los títulos más vendidosde la web Amazon.com a la décima posición en solo un día.
El escritor fue cuestionado sobre el episodio. Respondió: “Ni Obama y ni Chávez entenderían el texto […]. Él [Chávez] se lo entregó a Obama con la mejor intención del mundo, pero le regaló a Obama un libro en un idioma que él no conoce. Entonces, fue un gesto generoso, pero un poco cruel”.

Muere el escritor uruguayo Eduardo Galeano a los 74 años Su obra 'Las venas abiertas de América Latina' es un clásico de la literatura política “Intenté hacer una obra de economía política" MAGDALENA MARTÍNEZ Montevideo 13 ABR 2015

Eduardo Galeano
Eduardo Galeano, en una entrevista en 2010. / SAMUEL SÁNCHEZ
El escritor uruguayo Eduardo Galeano ha muerto este lunes a los 74 años en Montevideo, según ha confirmado su editorial a este periódico. El pasado viernes ingresó en un hospital como consecuencia de un cáncer de pulmón. Desde su publicación en 1971,Las venas abiertas de América Latina se ha convertido en un clásico de la literatura política latinoamericana. Su obra, entre la que también destaca Memoria del fuego (1986), ha sido traducida a una veintena de idiomas.
Eduardo Galeano
La noticia esperaba en las redacciones uruguayas desde muy temprano en la mañana. En una ciudad como Montevideo, donde todos se conocen, era difícil guardar la información de la muerte de Galeano, en uno de los mayores sanatorios de la capital. Pero, respetuosos, hasta las diez de la mañana, los medios locales aguantaron la noticia que sólo inundó las radios y las páginas web cuando la familia confirmó el deceso. Fuentes médicas informaron después que el autor de Las venas abiertas de América Latinallevaba varios días ingresado en estado grave, en la última fase de un cáncer de pulmón que venía arrastrando desde hacía varios años.La última aparición pública del escritor tuvo lugar a finales de febrero de este año y fue para recibir al presidente de Bolivia, Evo Morales. El mandatario visitó Montevideo con motivo del cambio de mando entre José Mujica y el ahora presidente Tabaré Vázquez. En las fotos, Galeano aparecía delgado y sonriente, mientras recibía un libro de manos de Morales con los argumentos bolivianos para exigir una salida al mar, un libro que bautizó como el "Libro del Mar Robado”.
El escritor era asiduo del Café Brasilero, en la Ciudad Vieja de Montevideo, y allí se lo encontraba el arquitecto y exalcalde de Montevideo Mariano Arana. “Eran momentos muy gratos los que pasábamos en ese local pequeño. Allí iba también Mario Benedetti. Galeano tenía una personalidad especialmente aguda y lúcida en su manera de expresar la realidad. Fue un referente para todo el país aunque no hizo la unanimidad”, afirma Arana.
En las pasadas elecciones Eduardo Galeano volvió a mostrar apoyo público al izquierdista Frente Amplio, lo que motivó una dura carga de la oposición del Partido Nacional, que en su programa electoral proponía impulsar otros referentes culturales y lo calificaba de representante de la cultura oficial. Uruguay espera el regreso del presidente Tabaré Vázquez de la cumbre de Panamá para iniciar los homenajes al autor.
El escritor, en el Café Brasilero, en Montevideo. / REUTERS
Antes de convertirse en un intelectual destacado de la izquierda latinoamericana, Galeano trabajó como obrero de fábrica, dibujante, pintor, mensajero, mecanógrafo y cajero de banco, entre otros oficios. Las venas abiertas de América Latina se publicó cuando Galeano tenía 31 años y, según reconoció después el propio escritor, en aquella época no tenía la formación suficiente para rematar la tarea. “[Las venas abiertas] intentó ser una obra de economía política, solo que yo no tenía la formación necesaria”, dijo. “No me arrepiento de haberlo escrito, pero es una etapa que, para mí, está superada”, añadió.
En 2009, durante la Quinta Cumbre de las Américas, el expresidente de Venezuela Hugo Chávez le regaló un ejemplar de esta obra de Galeano —prohibida por la censura de las dictaduras de Uruguay, Argentina y Chile— al presidente de Estados Unidos, Barack Obama. En esa ocasión, la obra saltó de la posición 60.280 de la lista de los títulos más vendidos de Amazon a la décima en solo un día.
El escritor fue preguntado después sobre este episodio. Respondió: "Ni Obama y ni Chávez entenderían el texto […]. Él [Chávez] se lo entregó a Obama con la mejor intención del mundo, pero le regaló a Obama un libro en un idioma que él no conoce. Entonces, fue un gesto generoso, pero un poco cruel".

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En el 2009, durante la V Cumbre de las Américas que se celebró en Trinidad y Tobago, el expresidente de Venezuela Hugo Chávez le regaló a su homólogo estadounidense, Barack Obama, un ejemplar de Las venas abiertas de América Latina.El escritor uruguayo fue lapidario el año pasado con su histórico libro. “No tenía conocimientos de economía ni de política cuando lo escribí”, dijo sobre “Las venas abiertas de América Latina” y agregó que “esa prosa de izquierda tradicional es pesadísima”.Luego, confesó que cuando escribió el libro “no tenía la formación necesaria”, y que si bien no está “arrepentido de haberlo escrito”, afirmó que es “una etapa que está superada”. Por si fuera poco, sostuvo que el libro fue escrito “sin conocer debidamente de economía y política”.

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Tomado de SEMANA.  | 2015/04/13 08:05

El día que Chávez le regaló 

'Las 

venas abiertas de América 

Latina' 

a Obama

El mandatario venezolano le regaló en el 2009 a su
homólogo estadounidense
la obra más popular de Eduardo Galeano.


En el 2009, durante la V Cumbre de las Américas que se celebró en
Trinidad y Tobago, el expresidente de Venezuela Hugo Chávez le
regaló a su homólogo estadounidense, Barack Obama, un ejemplar
de Las venas abiertas de América Latina.

Como consecuencia del episodio, la obra saltó de la posición 60.280
de la lista de los títulos más vendidos de Amazon a la décima en
solo un día.

El salto que dio la publicación, del periodista uruguayo Eduardo
Galeano, fue considerado "impresionante" por los expertos. Amazon.
com, uno de los más importantes vendedores de libros por línea en el
mundo, informó a sus clientes que la edición en inglés del libro de
Galeano estaba agotada.

En su libro más popular, Las venas abiertas de América Latina de
1971, Galeano afirmó que la pampa chilena del salitre, la selva
amazónica del caucho, el nordeste azucarero de Brasil y ciertos pueblos
petroleros del lago de Maracaibo "tienen dolorosas razones para creer
en la mortalidad de las fortunas que la naturaleza otorga y el
imperialismo usurpa".

Chávez dijo que le dio a Obama el libro como retribución al gesto del
estadounidense de haberse acercado a saludarlo el viernes en la
inauguración de la V Cumbre de las Américas.

Según Chávez, en esa ocasión le dijo a Obama: "Quiero ser tu amigo".
Al día siguiente escribió en el libro: "Para Obama, con afecto".

Horas más tarde, anunció que estaba restableciendo sus relaciones con
Washington a nivel de embajadores, interrumpidas desde hace siete meses.

Según el diario español El País, después de este episodio el escritor dijo:
"Ni Obama y ni Chávez entenderían el texto […]. Él [Chávez] se lo entregó 
a Obama con la mejor intención del mundo, pero le regaló a Obama un 
libro en un idioma que él no conoce. Entonces, fue un gesto generoso, 
pero un poco cruel"."La única manera para que la historia no se repita es manteniéndola viva",
escribió el periodista, que estuvo exiliado en Argentina y España. Desde
que regresó a Uruguay en 1985, si no estaba viajando se lo podía ver
deambulando por las calles montevideanas o sentado en torno a una de
las mesas del "Café Brasilero", en la Ciudad Vieja, ordenando sus ideas o
participando en una conversación con amigos o extraños


El libro de Galeano es uno de los que más daño han hecho a nuestro
continente. Su argumentación elemental sostiene que somos pobres porque
los otros son ricos. El clásico discurso del imperio que succiona la sangre
de las venas de su víctima hasta acabar con ella. Un decálogo revolucionario
antiimperialista que culpa de nuestro atraso primero a los españoles,
luego a los ingleses y, desde el siglo pasado, a Estados Unidos. De haber
sido escrito en el siglo XXI, seguramente culparía a Coca-Cola, Google,
Amazon, Starbucks, McDonald’s y alguna otra transnacional de las que
nos roban.
Galeano resume los agravios sufridos por los latinoamericanos y los victimiza;
además, transmite su odio visceral a cualquier cosa que huela a
democracia y mercado: en definitiva, a la libertad, para retorcerse en el
igualitarismo estrecho de mente que impide el desarrollo.
En lo sucesivo, Obama tendrá que andar con más cuidado a la hora de
recibir panfletos de esta guisa. Hay muchísimos: desde La historia me 
absolverá, de Fidel Castro, y La guerra de guerrillas, de Ernesto Che
Guevara, a ¿Revolución dentro de la revolución?, de Regis Debray,
pasando por Dependencia y desarrollo en América Latina, de Fernando
Cardoso y Enzo Faletto; Hacia una teología de la liberación, de Gustavo
Gutiérrez, o Para leer al Pato Donald, de Ariel Dorfman y Armand Mattelart,
incubado en universidades norteamericanas.
Por el bien de nuestro continente, y del efectivo espíritu de relanzamiento
de las relaciones entre nuestros países, es de esperar que el librito de
Galeano se lo dejara Obama olvidado en el hotel.
Ojalá que el presidente norteamericano devuelva en una próxima oportunidad 
la mano a Chávez regalándole Camino de servidumbre, de Friedrich Hayek, 
o La acción humana, de Ludwig von Mises o Del buen salvaje al buen 
revolucionario, de Carlos Rangel, que, como escribió el célebre Jean-François 
Revel, es el primer ensayo sobre la civilización latinoamericana que disipa las interpretaciones falsas, las descripciones mentirosas y las excusas complacientes.


“Las venas abiertas de América Latina” de Eduardo Galeano

“Las venas abiertas de América Latina” fue escrito en español por Eduardo Galeanoen 1971. Es un ensayo con crónicas y narraciones, que dan pruebas del constante saqueo de recursos naturales que sufrió el continente latinoamericano a lo largo de su historia desde el siglo XV hasta finales del siglo XX. Constantemente es citado y utilizado para la reflexión en diversas oportunidades, y sobre todo en el programa “Aló Presidente” por Hugo Chávez.
Este libro, fue objeto de persecuciones por la censura, y muchas veces justificó la desaparición de gente y se fue convirtiendo a fuerza de ser nombrado, en un inalcanzable objeto del deseo de quienes por mil causas no pudimos llegar hasta su contenido. Muchas cosas han ocurrido, y ahora después de más de treinta años, todas ellas continuan vigentes y resultan claras frente a lo expresado en él.
Consta de dos partes: “La pobreza del hombre como resultado de la riqueza de la tierra” y “El desarrollo es un viaje con más náufragos que navegantes”. Además, también posee una Introducción (“Ciento veinte millones de niños en el centro de la tormenta”) y una especie de conclusión denominada “Siete años después”, escrita justamente siete años después de la primera edición del libro, en la cual Galeano hace notar que las cosas, lejos de mejorar, empeoran.
La primera parte está dividida en:
  • Fiebre del oro, fiebre de la plata: narra de forma sucinta toda la fiebre del oro y de la plata, desde la llegada de Cristóbal Colón hasta que estos metales se agotaron o perdieron su valor.
  • El Rey azúcar y otros monarcas agrícolas: el capítulo más extenso del libro. En él se habla sobre las usurpaciones de los recursos en distintas regiones a lo largo de los años en manos de las grandes potencias (como son el caso del azúcar en Cuba, el caucho en Brasil, la banana en Ecuador y Colombia, etc.).
  • Las fuentes subterráneas del poder: capítulo dedicado a las riquezas mineras y las atrocidades cometidas en su nombre.
Segunda parte:
  • Historia de la muerte temprana: reseña histórica de América Latina y sus vaivenes.
  • La estructura contemporánea del despojo: en contraste con el capítulo anterior, éste trata cómo continúa el saqueo por vías más indirectas pero no menos efectivas, mediante un sistema colonial opresor hacia adentro y oprimido desde fuera.

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