Yo soy

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sábado, 6 de febrero de 2016

Segismundo ha tenido muchas vidas. El protagonista del clásico La vida es sueño ha llevado ropajes de época, vivido en Polonia (lugar original en el que se desarrolla la obra), e incluso ha sufrido su castigo colgado del techo, entre cadenas y semidesnudo (así fue representado por el grupo Ciane en la sala Rajatabla). Este fin de semana será un príncipe de una tribu aborigen en la puesta en escena de Jonell Páez, quien participa con la pieza de Pedro Calderón de la Barca en el Festival de Jóvenes Directores del Trasnocho. Se estrena hoy en el Espacio Plural y tendrá funciones viernes, sábados y domingos hasta el 14 de febrero.

"La vida es sueño" se traslada a un reino aborigen

Jonell Páez dirige el clásico teatral, que se estrena hoy en el Trasnocho Cultural.

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Dayana Caro interpreta a Estrella y Anthony Castillo da vida a Astolfo (Pablo Pupo)
INDIRA ROJAS |  EL UNIVERSAL
viernes 5 de febrero de 2016  09:05 AM
Segismundo ha tenido muchas vidas. El protagonista del clásico La vida es sueño ha llevado ropajes de época, vivido en Polonia (lugar original en el que se desarrolla la obra), e incluso ha sufrido su castigo colgado del techo, entre cadenas y semidesnudo (así fue representado por el grupo Ciane en la sala Rajatabla). Este fin de semana será un príncipe de una tribu aborigen en la puesta en escena de Jonell Páez, quien participa con la pieza de Pedro Calderón de la Barca en el Festival de Jóvenes Directores del Trasnocho. Se estrena hoy en el Espacio Plural y tendrá funciones viernes, sábados y domingos hasta el 14 de febrero.

"Me llamó mucho la atención el discurso filosófico sobre la vida y lo que es en sí la existencia", dice el también actor de 26 años. "Pero mi objetivo era que este discurso fuera un poco más digerible para el público y que tuviera una visual más cercana para que la audiencia prestara atención al texto".

Páez descartó a Polonia como paisaje para su montaje, no consideró la idea de un palacio suntuoso, tampoco las coronas de oro. Una vez que aparecen Rosaura (Marxlenin Cipriani) y Clarín (Yordano Marquina), los primeros en salir a escena, ya el espectador tiene un encuentro con personajes que parecen habitantes de la selva amazónica. Los cubren taparrabos, llevan plumas sobre sus cabezas y pintura sobre sus rostros.

"Quería que fuera real en esta tierra esa distribución de reyes, esclavos y vasallos, y lo primero que se me vino a la cabeza fueron las civilizaciones que hemos tenido aquí (en el continente) como la Maya, o la Azteca", explica Páez. "Uno a todas las tribus del mundo. De hecho, vez que hay rasgos de tribus de África en el vestuario".

Por añadidura, el percusionista Marcel Dávila toca música en vivo para ambientar la versión ideada por el joven.

Entre los versos de Calderón de la Barca, la libertad y el destino del hombre son los temas en discusión. Un rey encierra a su hijo por un crimen que aún no ha cometido: una predicción dicta que Segismundo (interpretado por Ernesto Campos) será un tirano. Cuando el monarca decide averiguar si el príncipe puede demostrar benevolencia, lo primero que este comete es un asesinato. "Aún en sueños no se pierde al obrar bien", le previene mucho después Clotaldo (Layla Vargas) al heredero. "¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son", reflexionará un confundido Segismundo una vez que regresa a su prisión, convencido de que su oportunidad entre la realeza no ha sido más que ficción.

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La editorial española La Fábrica publicó el primer libro sobre un fotógrafo venezolano como parte de su Biblioteca Latinoamericana. La obra del artista argentino-venezolano salió por fin a la luz luego de años de trabajo

Encuentros entre líneas: Los archivos de Tito Caula

El libro fue presentado en la Librería Lugar Común / Foto Lucía Jiménez
El libro fue presentado en la Librería Lugar Común / Foto Lucía Jiménez
La editorial española La Fábrica publicó el primer libro sobre un fotógrafo venezolano como parte de su Biblioteca Latinoamericana. La obra del artista argentino-venezolano salió por fin a la luz luego de años de trabajo

Las sillas de la librería Lugar Común estaban ya todas llenas a las 10:50 de la mañana. La mayoría guardadas solo por un bolso mientras sus dueños paseaban entre los libros saludando a los presentes. Una vez más, el lugar estaba a tope. Todos esperaban las palabras de Sandra Caula y Diana López que presentarían el libro Tito Caulasobre el reconocido fotógrafo.
“Este trabajo comenzó a pensarse hace 10 años”, inició diciendo la directora del Archivo Fotografía Urbana. Diana López estuvo a cargo no solo del evento del pasado sábado 30, sino que fue la cabeza de la coordinación de este enorme proyecto. El archivo, nos cuenta, reunió primero unas 1000 fotos que servirían a la editorial La Fábrica (España) para armar la colección que publicarían como PhotoBolsillo.
Tito Caula retrató la ciudad. Fue capaz de crear imágenes que narraban una Venezuela llena de cambios, de progresos, fruto del desarrollo descontrolado de los años 60 y 70. Caula fue un retratista, un reportero y también fue maestro; sin embargo, “no existía, era apenas una referencia, porque no era autor, porque no escribía”. Así hablaban de él sus discípulos ahí presentes, reunidos como quien celebra al padrino de una promoción de egresados. Porque Caula les enseñó a todos ellos.
Sandra Caula, promotora cultural y –más importante en ese día– la hija del fotógrafo, tomó la batuta y leyó algo que describiría el trabajo de su padre. Narra: “Fueron Vasco Szinetar y William Niño Araque quienes se acercaron a nosotras y se propusieron reunir, desde nuestros archivos en casa, la mayor cantidad de fotos”. Así arrancaron el proyecto que en el 2015 vio la luz. Su trabajo fue expuesto en Foto España donde fue seleccionado entre las 10 mejores exhibiciones y de ahí pasó a formar parte de la Colección.
La alianza entre el Archivo de Fotografía Urbana y La Fábrica quiere dar a conocer la obra de diferentes fotógrafos venezolanos como parte de una colección dedicada al PhotoBolsillo. Este es el séptimo libro de su biblioteca pero es apenas la primera publicación de las cuatro que se tienen planificadas sobre venezolanos. Por ahora se espera el próximo sobre Alfredo Cortina.
Tito Caula, el libro, reúne 63 imágenes de aquellas recogidas por el Archivo, tomadas entre 1945 y 1978. Lorena González Inneco –docente, ensayista y curadora– Vasco Szinetar –fotógrafo, artista, editor y curador– escriben el prólogo.  Las fotografías dibujan el panorama social y político de la Venezuela que Caula convirtió en su hogar, y con el pasar de los años, se transformaron en un símbolo de nuestra historia contemporánea.
El sábado volvió a reunirse Caula con su familia. Con sus hijas, sí, y con un enorme grupo de fotógrafos que le recuerda con el respeto que merece ser uno de los grandes “retratistas” de nuestra ciudad. Esa mañana no dejó nunca de entrar gente a saludarle.   

La palabra persona viene del latín persōna, que se traduce en personaje teatral. Este, a su vez, viene del etrusco φersu, que viene del griego prósōpon, que traduce máscara. Si hacemos un ejercicio de despeje y reducción casi matemático, tendríamos que para los antiguos la persona es una máscara.

Didascalia: Siempre es Carnaval

Ilustración de "La melancólica muerte del chico ostra y otros relatos" de Tim Burton
Ilustración de "La melancólica muerte del chico ostra y otros relatos" de Tim Burton
“Las máscaras son variadas y se rotan constantemente”

La palabra persona viene del latín persōna, que se traduce en personaje teatral. Este, a su vez, viene del etrusco φersu, que viene del griego prósōpon, que traduce máscara. Si hacemos un ejercicio de despeje y reducción casi matemático, tendríamos que para los antiguos la persona es una máscara.
Vivimos bajo el imperio de la máscara. Actuamos de una determinada forma ante nuestros familiares, de otra en nuestro entorno laboral, ante amigos y conocidos, etc. Las máscaras son variadas y se rotan constantemente. El único momento en el que no necesitamos de una máscara es ese momento sagrado en el que nos encontramos solos. Probablemente sea innecesario usar una máscara consigo mismo en el silencio con grillos que implica la madrugada.
Susan Batson en su libro Truth aborda la máscara como una manera de cubrir la necesidad insatisfecha de la persona y, por ende, el mundo privado. El balance entre cada una es sumamente delicado, ya que la necesidad pujará constantemente por ser satisfecha y la persona intentará llenar este vacío –sin éxito– desde la posición de la máscara. Es entonces cuando ocurre el error trágico: el intento de la máscara por aliviar la necesidad
Si analizamos a Norah, protagonista de la Casa de Muñecas de Ibsen, su máscara es ser una buena madre y esposa. Lo que Norah realmente quiere es ser libre de los convencionalismos sociales y demás ataduras impuestas por el contexto y la época del dramaturgo. Como su necesidad insatisfecha va en detrimento del objetivo que persigue su máscara, incurre en la mentira como error trágico.
Ya lo decía Shakespeare en Como gustéis: “El mundo es un escenario, y todos los hombres y mujeres son meros actores, tienen sus salidas y sus entradas; y un hombre puede representar muchos papeles a lo largo de su vida”.
Todos actuamos. Escogemos nuestras máscaras a lo largo del día. Para nosotros siempre será carnaval.

El fantasma de la Caballero, de Norberto José Olivar (Caracas: Santillana, 2015), mantiene su atractivo intacto casi diez años después de su primera edición (Maracaibo: Rojo y negro, 2006). Su trama detectivesca se va armando entre el presente y un pasado ya lejano, pero que arroja muchas luces sobre la Maracaibo actual, donde transcurre la historia, que se tiñe de ecos legendarios y fantásticos. Así lo sugieren los dos prologuistas que ha tenido el libro en sus dos ediciones, Antonio Isea y Fedosy Santaella respectivamente

El novelista y el fantasma de su ciudad

“El fantasma de la Caballero” publicado en 2015
“El fantasma de la Caballero” publicado en 2015
“Reconocemos al autor, pero la narración es una autoficción que recontextualiza estos datos en un mundo que ironiza o subvierte la realidad”

El fantasma de la Caballero, de Norberto José Olivar (Caracas: Santillana, 2015), mantiene su atractivo intacto casi diez años después de su primera edición (Maracaibo: Rojo y negro, 2006). Su trama detectivesca se va armando entre el presente y un pasado ya lejano, pero que arroja muchas luces sobre la Maracaibo actual, donde transcurre la historia, que se tiñe de ecos legendarios y fantásticos. Así lo sugieren los dos prologuistas que ha tenido el libro en sus dos ediciones, Antonio Isea y Fedosy Santaella respectivamente. Si el primero habla de novela “fantasmal”, por su resurrección de los fantasmas de los archivos históricos, el segundo recuerda su parentesco con la saga de Jack, el destripador, en una intrigante Maracaibo decimonónica. Los dos personajes fundamentales de la novela son Josefa Caballero, el fantasma, y Ernesto Navarro, un modesto profesor universitario, historiador heterodoxo y novelista. Reconocemos al autor, pero la narración es una autoficción que recontextualiza estos datos en un mundo que ironiza o subvierte la realidad del autor.
Navarro va narrando su relato al azar, donde él mismo es protagonista, un escritor sin éxito que se aferra a una  investigación de un fantasma, pues ha encontrado un documento con pistas nuevas –la estrategia narrativa del manuscrito encontrado–, lo que aumenta en él, como en el lector, las expectativas de resolver un caso difícil y digno de atención. La aparición de Josefa Caballero es una leyenda urbana en Maracaibo, un mito para olvidar el enigma no resuelto de su asesinato. Maracaibo en la novela es una ciudad cuyos historiadores locales se han obsesionado con ocultar su verdadera historia, para construir una grandeza artificial, sin mancha, que el narrador busca desmontar. Progresivamente, tanto la historia oculta del fantasma de la Caballero como la de Maracaibo se confunden en la imaginación neurótica de Ernesto Navarro. Él encarna la figura del novelista como un ser marginal que conspira a la sombra de una ciudad para librarse y librarla del aburrimiento y del tedio. Todo escritor lúcido pone el dedo en la llaga de lo que lo rodea.
Lo fantasmal tiene varias connotaciones. La primera es la aparición colectiva de Josefa, una figura cuyo carácter legendario se acepta o no en la ciudad, pero no se discute su origen. En la novela ella pasa a representar algo más: un crimen irresuelto, un cangrejo como tantos de los que está llena la historia pasada y presente, pero que el profesor Navarro insiste en esclarecer. En su investigación histórica, la Caballero se va convirtiendo, por extensión, en un fantasma no solo local, sino de la nación. Recordemos que en este rincón occidental se originó el nombre de Venezuela. Esta clave fundacional tiene un significado especial en la novela: en esta zona no solo está enterrada la Caballero, a quien no se ha hecho justicia, sino también parte de la riqueza petrolera del país, cuya explotación, a cargo  de compañías trasnacionales o del Estado, lleva la marca impune del abuso y el despilfarro. Las evocaciones de la Caballero se entrelazan, en un punto de la novela, a la historia de las compañías petroleras.
Este relato en torno a un pasado de crímenes y abusos que persigue a la nación como un fantasma caribeño, representado acá en la belleza exótica de la Caballero, ¿será un ejemplo de lo que algunos llaman “gótico tropical” y que Olivar desarrollará posteriormente en Un vampiro en Maracaibo? Si así fuera, se trata de un gótico mestizo, que mezcla el horror con el humor. Los capítulos de la novela donde Ernesto Navarro reescribe el material histórico llevan, en esta nueva edición, subtítulos con letras de estilo gótico para resaltar este vínculo.
Navarro, en su obsesión por esclarecer la tupida red de intereses (reales y simbólicos) que converge en el asesinato de la Caballero, marcha contra la corriente de la historia oficial, destinado a fracasar. Pero si el principio de realidad se impone en su entorno, el principio de placer emerge como compensación. La búsqueda racional del investigador empieza a vacilar y tomar otro giro inesperado cuando conoce y entabla una amistad con el espectro. Al final la Caballero se convierte en fantasma de sus deseos. Justicia poética para quien se enfrenta a un divorcio y ve reducida aún más su condición de profesor sin fortuna. 
Frente a la Maracaibo cotidiana y bulliciosa, Ernesto Navarro lleva consigo otra ciudad: la Maracaibo oscura de sus neurosis y especulaciones fantásticas. En esta pasión no está solo: lo acompañan personajes del pasado, pero también sus contertulios de una Irama ya mítica (fuente de soda y sitio de reunión de escritores en Maracaibo), quienes arremeten contra la imagen autocomplaciente de la ciudad a fuerza de denuestos. En algunos momentos recuerdan con su verba escandalosa a los boleros, cuando no a las gaitas que dicen detestar. ¿Son acaso unos antropófagos culturales que están creando un Manifiesto? Por algo uno de ellos, con gesto de soltar una bomba, dice: “A Maracaibo apenas la estamos fundando” (p. 77).
Esta peculiar negación novelística de la ciudad  tiene ya su tradición en Maracaibo. Pienso sobre todo en las novelas de Blas Perozo Naveda y Milton Quero. En ellos encontramos eso que llamaría el esperpento maracucho: una violencia en la expresión capaz de desfigurar la ciudad a fuerza de insultos, frases escatológicas, humor negro, críticas sin piedad, produciendo un extrañamiento de la ciudad y del personaje insatisfecho a través del cual la vemos, quien se convierte entonces en una especie de extranjero en su propia patria.
Esta veta de esperpento se reduce sin embargo en la segunda edición (más corta) de El fantasma de la Caballero, donde la historia es la misma pero muchos párrafos han sido comprimidos o reescritos.Varias preguntas surgen. ¿Es mejor la frase directa, con su cuadro sintético de descripciones, sin largas disquisiciones sobre Maracaibo, o la prosa que se extiende como un palimpsesto, mezclando el discurso histórico y la oralidad? Este contraste se hace más vivo en los diálogos, que representan la verba desenfrenada de los personajes que hablan hasta por los codos y da rienda suelta al esperpento maracucho, hasta saturarlos a ellos mismos: “Están hablando mucho, colegas, ya me dio hambre” (p. 78).
Es quizá una ironía que un libro crítico para con las academias termine por las vueltas del destino en una edición escolar y adecentada, que pierde buena parte de la irrupción violenta de Ernesto Navarro y sus amigos de Irama al decir lo mucho que detestan una ciudad de la que no pueden o no quieren marcharse. Pero quizá es muy pronto para dar un juicio concluyente. El tiempo pondrá en perspectiva estas dos ediciones.
La novela conserva su encanto imaginativo a través del uso del tiempo. Acá reside parte de su fuerza. Hay una yuxtaposición de planos que Olivar hace entre novela e historia, entre la  narración histórica y la narración imaginativa. Ambos recursos le permiten al novelista desplazarse entre varias épocas, como en un viaje en el tiempo. Cuando Ernesto Navarro se sirve de un documento histórico del juez Gando Bustamante sobre el crimen de la Caballero, su reescritura activa un viaje temporal:
“Me había trasladado a 1891, a la escena del crimen, orientado por las descripciones de Gando Bustamante, quien empezaba a caerme simpático. Él dice, y eso parece ser lo único seguro, que el homicidio se cometió en lo que hoy conocemos como Casa de la Capitulación, que en ese momento era la residencia del doctor Jorge Valbuena, uno de los jueces de la Corte Suprema de Justicia del estado Zulia. […] Aparte, es la zona mejor iluminada en toda la ciudad, goza de unas portentosas farolas eléctricas desde 1888.
Las horas han pasado raudas para mi conveniencia. Han encendido las luces en la fuente de soda y Teddy vino a despedirse al terminar su turno. Contesto el celular y es Patricia” (p. 82).
Para descartar cualquier romanticismo, recordemos que Navarro está investigando un crimen horrendo irresuelto. Sin embargo, la arquitectura de la ciudad le sirve para establecer analogías visuales en el tiempo, así como para hacer un retrato psíquico de la ciudad en su historia. La zona iluminada de la Casa de la Capitulación, en el casco histórico de la ciudad, rima con las luces de Irama, lugar periférico en el espacio y el tiempo, pero que en el continuum que es la ciudad sigue siendo el escenario para la búsqueda de la verdad. La de un crimen cuyo misterio, aún no resuelto, nos recuerda la impunidad y horrores del poder que se repiten y atentan contra una imagen romántica de la ciudad (y de la nación). La unión romántica de lo colectivo se quiebra. El misterio vuelve, con nuevas claves, como el timbre de una llamada incómoda (en la escena citada, la de la esposa del narrador quien está a punto de plantear un divorcio).
Como una fantasía, un fantasma, una representación mental perturbadora, la atmósfera abigarrada en personajes, situaciones y acciones de la ciudad da vida a la imaginación del novelista, protagonista él mismo de su narración, quien con su estela solitaria se convierte en espejo del habitante que se abisma en su conciencia en su tránsito por la ciudad, como en esas novelas memorables donde esta es también protagonista. Sea como fuere, Norberto José Olivar nos recuerda que la ciudad, para el novelista, como para quienes la habitan, es un misterio, una neurosis, una obsesión, un terreno fértil para la imaginación. Todo aquel que se desplaza por la ciudad –funcionario, trabajador, flâneur, criminal, soñador o don nadie– si no lo hace como narrador, es un narrador postergado.

El fantasma de la Caballero
Norberto José Olivar
Santillana
Caracas, 2015 

El fundador de Earth, Wind & Fire, Maurice White, cuya música funk entusiasmó a multitudes, rompió barreras raciales y lo convirtió en uno de los artistas más exitosos, falleció el miércoles, a los 74 años de edad.

Murió Maurice White, fundador de Earth, Wind & Fire

Earth, Wind & Fire tocó en la Casa Blanca cuando Barack Obama asumió el cargo en 2009 | Foto AP
Earth, Wind & Fire tocó en la Casa Blanca cuando Barack Obama asumió el cargo en 2009 | Foto AP
El músico, que padecía mal de Parkinson, ganó 7 premios Grammy en su carrera y el 15 de febrero iba a recibir uno honorífico

El fundador de Earth, Wind & Fire, Maurice White, cuya música funk entusiasmó a multitudes, rompió barreras raciales y lo convirtió en uno de los artistas más exitosos, falleció el miércoles, a los 74 años de edad.
“Mi hermano, héroe y mejor amigo Maurice White murió en paz mientras dormía”, anunció Verdine White en Facebook. “El mundo ha perdido a otro gran músico y a una leyenda, pero nuestra familia pide que se respete nuestra vida privada en un momento en el que comenzamos lo que será una transición muy difícil”, agregó.
Maurice White sufría la enfermedad de Parkinson, lo que lo había obligado a abandonar las giras. El artista creó Earth, Wind & Fire en 1969 en Chicago y se hizo conocer rápidamente gracias a su talento para escribir canciones. Sus creaciones, complejas y muy estimulantes para bailar, como “Let's Groove” o "Boogie Wonderland", conquistaron a millones de personas en todo el mundo.
Earth, Wind & Fire fue una de los pioneras en romper los tabúes raciales en la música pop, al ser la primera banda de negros que tocó en el Madison Square Garden de Nueva York en 1979.
Sedujo a los blancos sin perder el favor de los negros. Sin haber abandonado jamás los escenarios, experimentó una recuperación de notoriedad después de la elección del presidente Barack Obama, quien la invitó a tocar en la Casa Blanca cuando asumió el cargo en 2009.
White ganó a título individual o con la banda 7 premios Grammy de un total de 21 nominaciones. “Su instinto infalible como músico y hombre de espectáculo permitió catapultar a Earth, Wind & Fire a la fama internacional e influir a numerosos artistas”, afirmó en un comunicado The Recording Academy.
La organización anunció el 16 de enero que la agrupación recibirá un Grammy por su trayectoria durante la ceremonia prevista para el 15 de febrero.

Phil Collins dejó la música en 2011, entre otras causas, para estar cerca de sus hijos pequeños, lo que sigue siendo su prioridad. Sin embargo, el año pasado el artista británico anunció su regreso, lo que se ha traducido de momento en la reedición de sus discos Face Value (1981) y Both Sides (1993), su favorito.

Phil Collins: “Me he tomado con calma mi regreso a la música”

Phil Collins se retiró hace 5 años | Foto AFP / Archivo
Phil Collins se retiró hace 5 años | Foto AFP / Archivo
El ex vocalista de Genesis, ganador de siete premios Grammy y un Oscar, está concentrado en criar a sus hijos más pequeños

Phil Collins dejó la música en 2011, entre otras causas, para estar cerca de sus hijos pequeños, lo que sigue siendo su prioridad. Sin embargo, el año pasado el artista británico anunció su regreso, lo que se ha traducido de momento en la reedición de sus discos Face Value (1981) y Both Sides (1993), su favorito.
“Solo dije que compondría nuevas canciones, lo que se deformó en que editaría un álbum. Lo cierto es que aún no he escrito nada. Mi intención es volver a casa, no hacer nada durante un tiempo, sentarme entonces en el estudio y ver qué sucede. Ahora solo tengo un par de ideas. Me he tomado con calma mi regreso a la música”, dice.
Persistentes problemas médicos fruto de tres décadas tocando la batería llevaron a este intérprete, poseedor de siete premios Grammy y un Oscar, a abandonar su carrera hace cinco años. A ello se sumó cierto hastío de algunas dinámicas de la industria musical y, por último, pero no menos importante, el deseo de criar a sus hijos más pequeños.
A principios del año 2015, Collins decidió mudarse permanentemente a la ciudad de Miami para estar cerca de su familia.
En medio de estos acontecimientos le propusieron involucrarse en la reedición de su catálogo, especialmente en el abundante material adicional que lo acompaña.
“Lo mejor de estas canciones es que no han envejecido, suenan tan bien como cuando las grabamos”, presume el ex integrante del grupo Genesis, a quien le animó que otros artistas lo citen constantemente como una influencia en sus carreras.

Phil Collins: "Me tomo con calma mi vuelta musical"

"Cuando anuncié mi vuelta (el año pasado), solo dije que escribiría nuevas canciones, lo que se deformó en que haría un nuevo álbum", comentó el músico.

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No es que Collins traiga un nuevo álbum: apenas comenzó escribiendo unas canciones (Cortesía)
EL UNIVERSAL
viernes 5 de febrero de 2016  12:07 PM
Madrid.- Phil Collins dejó la música en 2011, entre otras causas, para estar cerca de sus hijos pequeños, su prioridad aún a día de hoy, por delante de un retorno a la actividad que se toma "con calma" y que se ha traducido, de momento, en la reedición de sus discos "Face value" y "Both sides", su "favorito".

"Cuando anuncié mi vuelta (el año pasado), solo dije que escribiría nuevas canciones, lo que se deformó en que haría un nuevo álbum. Lo cierto es que aún no he escrito nada. Mi intención es volver a casa, no hacer nada durante un tiempo, sentarme entonces en el estudio y ver qué sucede. Ahora solo tengo un par de ideas", informa en una entrevista con Efe.

Persistentes problemas médicos fruto de tres décadas tocando la batería (pérdida de capacidad auditiva, una vértebra dislocada y daños nerviosos) llevaron a este británico, poseedor de 7 premios Grammy y un Oscar, a abandonar su carrera hace cinco años.

A ello se sumó cierto hastío de algunas dinámicas de la industria musical -"aunque hay muchas más cosas por las que le estoy agradecido", precisa- y, en tercer lugar, pero no menos importante, "porque quería criar a mis hijos pequeños", subraya.

Su tercera esposa, Orianne Cevey, se los llevó a Miami después de dejar la relación y esto obligaba a Collins a viajar a menudo.

"En los tiempos intermedios, me vi con mucho tiempo libre entre manos; en realidad, era algo que de alguna forma sentía que me merecía, no hacer nada", cuenta.

Lo que sucedió es que la inactividad y todos los acontecimientos personales le sumieron en un "período de oscuridad" en el que se pasaba las horas viendo la televisión y bebiendo demasiado alcohol. Eso lo cortó en 2012.

A principios de 2015, Cevey quedó paralizada y Collins decidió mudarse permanentemente a Miami para estar cerca de su familia. Él mismo confirma a Efe que todo aquello "fue un tiempo difícil, pero es pasado" y que ahora viven "otra vez todos juntos".

En el impás de estos acontecimientos, le propusieron involucrarse en la reedición de su catálogo, especialmente en el abundante material adicional que lo acompaña (la remasterización recayó más bien en Nick Davis).

"Lo mejor de estas canciones es que no han envejecido, suenan tan bien como cuando las grabamos", presume su autor, que dice que le animó el que otros artistas le citen como una influencia: "Pensé que sería interesante que quienes leyeran eso pudieran escuchar de qué se estaba hablando", añade.

En la calle ya están los dos primeros, "Face value" (1981) y "Both sides" (1993): "Es mi álbum favorito, porque lo hice todo yo en casa y eso lo hace muy personal", dice Collins, quien destaca especialmente el tema "Can't turn back the years".

"Face value" sobresale por contener piezas emblemáticas como "In the air tonight", con su imprescindible secuencia inicial de batería. "Me parece fantástica. No creo que pudiera mejorarlo", apunta.

Fue además el primer disco en solitario de su carrera, tras dejar Genesis. "Disfruté mucho ambas etapas, pero no echo de menos Genesis. Estoy bastante feliz con el punto en el que está mi vida. Nunca sé qué voy a hacer después, por eso no querría que los chicos de la banda estuviesen esperando a ver qué decisión tomo", arguye.

Eso sí, la relación es estupenda. "Sus números están en mi agenda. El día de mi cumpleaños estuve hablando con Tony (Banks) y Mike (Rutherford)", asegura Collins, que hizo una gira con ellos por última vez en 2007.

Fue entonces cuando se dislocó algunas vértebras del cuello. Desde entonces, no ha vuelto a tocar la batería: "Quizás debería empezar a practicar para ver qué sucede", comenta.

Sobre si tiene intención de volver a actuar, precisa que no puede hablar de "planes" como tal. "Lo estoy sopesando, pero me lo tomo con calma. No quiero apresurarme. Cada día llevo a mis hijos al colegio y eso es lo más importante para mí ahora. No quiero estar muy ocupado", insiste.

Las ventas de sus discos superan los 100 millones en todo el mundo (150, alguna fuente), pero es un músico tan alabado como discutido: "Lo más importante para mí es que a la gente normal le gusta lo que hago", dice al respecto el músico, que asegura no haberse enterado de la humorística campaña que se inició en Change.org para impedir que volviera a la música.

Por cierto, seis años después de unas famosas declaraciones suyas en Madrid, Collins también asegura que aún no ha escuchado la música de Lady Gaga, así que sigue sin opinión sobre ella.


Phil Collins & Genesis - Video Hit Collection (HD ... - YouTube

https://www.youtube.com/watch?v=JarOxaVpG_o
2 may. 2015 - Subido por MUSIC LEGENDS
01. Drum Intro 0:00:00 02. Something Happened On The Way To Heaven 0:08:32 03. Invisible Touch 0:13:57 ...

La editorial de la Universidad Diego Portales ha superado la barrera de lo meramente académico. Publica desde ensayo y poesía, hasta crónica y diario íntimo. Sus libros (entre 30 y 40 al año) ya se conocen en toda América Latina y se ha ganado el prestigio de ser referente en la actualidad

“La historia de la literatura tiene que ver también con cómo la gente sobrevive”

Matías Rivas, director de Ediciones UDP de Chile / Foto Universidad Diego Portales
Matías Rivas, director de Ediciones UDP de Chile / Foto Universidad Diego Portales
La editorial de la Universidad Diego Portales ha superado la barrera de lo meramente académico. Publica desde ensayo y poesía, hasta crónica y diario íntimo. Sus libros (entre 30 y 40 al año) ya se conocen en toda América Latina y se ha ganado el prestigio de ser referente en la actualidad

Matías Rivas es un nombre conocido en Chile. Su trabajo se refleja en un gran número de publicaciones, aunque él no las haya escrito. Sin embargo, todas ellas lo tienen como punto central. Desde el año 2003, Rivas asumió la dirección de Ediciones UDP, una editorial universitaria chilena (de la Universidad Diego Portales) que se ha convertido hoy en un referente de publicaciones literarias de calidad que van desde la crónica y el ensayo, hasta la poesía y la ficción. Voces importantes, tales como Christopher Domínguez Michael, Edmundo Paz Soldán y Beatriz Sarlo son parte del catálogo.
Entrevisto a Rivas en su departamento. En la sala hay un escritorio lleno de manuscritos, libros y una computadora. El editor (y también poeta) no descansa y continúa su trabajo en casa. Incluso, su tarea como difusor cultural no solo la hace desde su editorial, sino también desde su cuenta en Facebook. Para muchos, ya ha sido común leer su muro en donde comparte relatos, poemas, ensayos, entrevistas o videos, de artistas, escritores e intelectuales tanto de renombre como poco conocidos.
–Ediciones UDP se fundó en 1986 como una típica editorial universitaria, pero a partir del 2003 dio un cambio que coincide con tu llegada. ¿Qué sucedió?
–La universidad tomó la determinación de tener una editorial que no solo se hiciera cargo del ámbito académico, sino hacer también un aporte al país que publicara textos de ensayo, textos de valor patrimonial en el sentido de revisiones importantes; que armaran textos de poesía, que se hiciera cargo de otros géneros de los que, en general, no se hacían cargo las editoriales, como el caso de las biografías.
–La Colección Huellas y la Colección Vidas Ajenas publican textos de géneros que habían sido marginados o poco tomados en cuenta (los diarios, las crónicas, las entrevistas, las columnas en la prensa de los escritores), pero que hoy más que nunca se están volviendo a recuperar, tanto en la academia como por el lector cotidiano. A nivel de las colecciones, ¿son las que más apego tienen con el lector?
Sin duda. Asimismo, la editorial también decidió no solo publicar autores chilenos. Uno de los espacios que cubría poco era la biografía, los diarios de vida, el biografema, todo lo que tenga que ver con la literatura y la intimidad. Entonces abrimos una colección [Vidas ajenas] vinculada con ese tema, que ha tenido bastante impacto, y también la colección Huellas, que recoge ensayos, columnas. Publicamos también muchos críticos. Allí están Christopher Domínguez Michael, Ignacio Echevarría. También publicamos crónicas. Yo tengo la sensación de que los géneros que están llegando a la gente no son necesariamente solo los libros de ficción. Por lo menos a los lectores que tengan intereses culturales. Entonces, ese tipo de textos son tanto o más literarios que una novela. No veo la diferencia. Yo creo que muchos de los grandes ensayistas han publicado fragmentos de su obra en revistas. Los mismos libros de Borges están armados de fragmentos publicados por aquí y por allá. La historia de la literatura tiene que ver también con cómo la gente sobrevive. Entonces los escritores muchas veces escriben crónicas o columnas en los diarios, o tienen diarios de vida. Tiene que ver con la intimidad de ellos o con su sobrevivencia. Entonces rescatar eso es muy valioso. Yo creo que desde el punto de vista literario, son textos significativos. Y así son recogidos por los lectores. El éxito de la editorial tiene que ver con eso.
Es fundamental que para la universidad no sea solo importante desarrollar su parte académica que la ha desarrollado y la mitad de nuestra producción tiene que ver con eso, sino también esta otra parte. El impacto fundamental en Chile han sido los libros de poesía. Nuestra colección de poesía es nuestro gran bastión. En otros países, donde la poesía tiene menos valor, entran más fácilmente otras colecciones. Pero la primera gran piedra fue ahí. Fue darle un orden a la poesía chilena, que estaba dispersa.
–De hecho, tengo entendido que la primera publicación que hacen ustedes es un libro de poemas de Juan Luis Martínez.
–Los primeros libros que publicamos fueron Poemas del otro, de Juan Luis Martínez, El paseo Ahumada, de Enrique Lihn, y Lear Rey & Mendigo, de Nicanor Parra.
Lo interesante de la colección de poesía chilena es que no han sido solo los considerados canónicos sino también ustedes han rescatado otras voces que han quedado muy marginadas. Pienso en Alberto Rubio o Hernán Miranda.
–Son poetas tan importantes como los otros, pero que de una manera han sido muy mal editados. A Gonzalo Muñoz lo publicamos nosotros, sus libros estaban como perdidos. Por supuesto que la historia de la poesía no está compuesta solo por los grandes poetas, también está compuesta por poetas más experimentales… La historia completa incluye muchas voces.
Sí, lo bueno es eso, que digamos a nivel de marketing no van solo a lo seguro, a lo ya conocido (Lihn, Neruda) que uno sabe que tienen lectores, sino también a otros poetas que se colocan, ganan su espacio, llegan a nuevos lectores que terminan interesados en leer más.
–Totalmente.
–También hay que decir que Chile es un país caro, en todo sentido, y los libros no pasan de ello. Sin duda ha sido un éxito que los libros publicados por ustedes son más baratos que otros libros publicados en el país. Así, los lectores han tenido más acceso. ¿Ha sido parte de su política?
–Esa es la idea. Nuestro interés es público, hacer que la lectura llegue a la gente interesada, ojalá tener libros que no sean tan costosos, a veces a nosotros nos cuesta muy caro hacerlo. Por ejemplo, las traducciones. Trabajamos con muy buenos traductores chilenos, mexicanos, argentinos. Para mí ha sido muy importante el contacto como editor, en lo personal, con gente que trabaja con nosotros como Ignacio Echevarría, que ha sido un aporte, que nos enseña a editar bien. O Leila Guerriero. Que no solo son autores. Alan Pauls, como traductor. Son gente de primer nivel.
–Sí, Ediciones UDP es una editorial chilena, pero que tiene colecciones con libros de toda América Latina y un equipo bien amplio. No solo editores o críticos chilenos, sino que están ya pensando a nivel de la región.
–Hay una curiosidad en Chile de lo que pasa en otros países. Y hemos hecho libros como Un hombre flaco, la biografía de Ribeyro, que en Perú fue una cosa impresionante. Ese lo hizo Daniel Titinger, que ahora está haciendo la biografía de César Vallejo. Eso nos ha abierto un espacio en Perú. Los países te empiezan a reconocer como editorial cuando empiezas a vincularlos. Nosotros incluso con Venezuela tenemos el libro de Los malditos. Ahora buscamos estabilizar esta producción y esperamos consolidar las redes de distribución en otros países.
–¿Cómo ve usted el papel del editor? ¿Cuáles son sus funciones? Porque sin duda un editor no solo se ocupa de una buena escogencia de los textos, sino también de la presentación. ¿Cómo se vincula con los libros? Antes de ser editor, también se dedicó a la crítica literaria por un buen tiempo (en el diario The Clinic). ¿Esa labor como crítico le ayudó en este trabajo?
–Trabajo de partida con gente a la que le tengo mucha confianza. Gente de muy buen nivel. Estoy presente en todas las decisiones que se tienen que tomar, que tengan una influencia en el libro. Hay unas tres o cuatro etapas en las que hay que tomar decisiones. Ya sean gráficas o de imprenta. Yo trabajé en Editorial Sudamericana, trabajé antes en otras editoriales. Y creo que uno de los aportes que pude hacer es el marco de elección. Que esto no sea una serie de libros desparramados, sino que sean colecciones. Y eso le da un poder gráfico a las cosas. Al principio aparecen dos libros negros, la gente no sabe qué hacer. Cuando ya ve veinte o cincuenta, hay algo gráfico que está pasando. De repente empiezas a ver que todo el mercado tiene libros negros, que antes no eran muy comunes. Lo que más me ayudó fue a formarme como editor fue haber sido vendedor de libros en una librería. Eso me hizo entender cómo funciona la cabeza de quien compra, en general. Qué busca, cómo busca, cómo opera el sistema de distribución, que son cosas muy importantes sobre cómo funciona el mundo editorial. El tema de ser crítico literario yo digo tiene que ver más bien con intereses que se juntan, y que ayudan, pero yo miro que los críticos se forman entre la vocación, la necesidad y las ganas. Fue una influencia menor comparada a la de haber sido librero. En el trabajo editorial, eso sí, hay mucha investigación, muchas horas de lectura, y eso no suele percibirlo la gente. Detrás de escoger un libro hay muchos libros que no se escogen.
Sí, es que justo quería preguntarle si puede haber trabajo editorial sin una crítica literaria importante detrás.
–Yo veo que el trabajo editorial es una forma de crítica. Todo editor lo que está haciendo es una labor crítica. Está armando paradigmas, está descartando, está tejiendo de alguna manera una historia de la literatura. No hay ninguna inocencia en eso. Los buenos editores al final lo que están haciendo es crítica. El desplazamiento de mucha gente joven que en un principio quería escribir en los diarios, ahora tiene editoriales chicas, para ejercer la crítica de alguna manera. Yo creo que ahí está la pulsión. El hecho de querer publicar lo que ellos quieren. Pero ahí también está la equivocación, de que en verdad los críticos no dicen lo que ellos quieren, ni publican lo que ellos quieren. En cambio, un editor publica los libros que le gustan.
–Justo eso que dice me recuerda en este momento la librería Takk (una librería ubicada en Providencia, en Santiago de Chile), que tiene todo un estante donde exhiben los libros de su editorial. Visualmente, impacta.
–Sí, claro. Con respecto a la parte gráfica hemos trabajado con artistas como Carlos Altamirano, que es un artista plástico. También con Guillermo Tejeda. Son gente que tienen conocimientos importantes. Yo creo que las editoriales se hacen con muy buenos profesionales. Nosotros tenemos la particularidad de que está todo externalizado, que trabajamos con colaboradores. Hay otros que tienen adentro de la editorial al diseñador, etc. Y eso puede ser bastante sofocante. Yo creo en la competencia en el sentido no de la competencia entre personas sino de las competenciales personales. Un diseñador tiene capacidades que no tiene un editor. Lo que sí tiene que haber es una persona dirigiendo esto, y creo que es la labor mía. Para que no solo salgan los libros bonitos, o a tiempo, o en determinados momentos. Yo me encargo también de la prensa. Yo estoy encima de casi todo el proceso. Tengo gente que trabaja conmigo que me ayuda muchísimo, pero igual hay que estar pendiente. Aquí los errores son mínimos, pero hay muchas posibilidades de cometer errores. Por ejemplo, hacemos libros de leyes, o los libros académicos que suelen más difíciles que los literarios porque te puedes equivocar en algo técnico. Entonces trabajamos con gente que sabe especialmente, editores especializados en cosas técnicas. Yo he querido llevar la editorial al profesionalismo que más he podido.
–¿Cómo funciona el proceso de nuevas publicaciones? ¿Ustedes buscan los libros, los encargan, se los proponen? Porque como ya ha señalado, y se ve en las colecciones, no son libros aislados sino que comparten todos un eje.
–Tenemos ya ciertas colecciones armadas. Hemos inaugurado algunas nuevas, como la de narrativa. Lo que hacemos fundamentalmente es que yo encargo una buena cantidad de libros. Los pido que se hagan. Y hay otros libros que me llegan. No me llegan generalmente vía manuscrito, porque como solemos trabajar con cosas patrimoniales no estamos buscando la novedad en el sentido más evidente de la palabra. No publicamos autores jóvenes. Pero sí hay que hacer un trabajo de investigación, y a eso yo dedico parte del día.
–Llama la atención que hay autores de otros países que han publicado primero sus libros en  esta editorial chilena antes que en editoriales de sus propios países. Por ejemplo escritores argentinos que apuesten y prefieren que sus libros salgan en Ediciones UDP.
–Por ejemplo ahora va a salir un libro de Beatriz Sarlo sobre Juan José Saer. Un escritor argentino importante escrito por quizá la teórica que más lo conoció y que más conoce su obra. Y curioso que esté publicado en Chile. Lo que pasa es que nadie le ofrece a los autores hacer libros. Yo soy de la teoría de buscar a la persona y llegar a ellos con un acuerdo. Que tiene que ver con lo que a ellos les gusta, con lo que quieren hacer. Los libros de ensayo en general en un porcentaje no menor los arman los editores. Entonces le dicen al autor: mira, tienes tantos textos sobre tal tema, por qué no los juntas.  Este año tendremos también un libro de Javier Cercas de ensayo, que lo editó la Leila Guerriero. Y también un libro de Rodrigo Fresán, que lo hizo Ignacio Echevarría.
–¿Cuánto es el número de publicaciones? ¿Ha ido creciendo o ya se han estabilizado en un número?
–Tuvimos una producción muy grande hasta cierto momento en el que logramos llegar a donde queríamos. Ahora estamos en proceso de estabilización de esa producción, teniendo un número cercano a los treinta libros al año. Hasta el 2014 estuvimos publicando sobre cuarenta.
–Un número impresionante. También, hay que decirlo, ha sido impresionante el  boom editorial en Chile. Hay muchas editoriales. ¿Cree que el país está en un momento importante editorialmente hablando?
–Los chilenos tenemos la costumbre, por identidad, de hablar muy mal de nosotros mismos. Nunca creemos eso. Pero si lo miras objetivamente, es así. Claro, está vivo Nicanor Parra, uno de los poetas más importantes de la lengua, si no el más importante vivo. Bolaño murió hace poco tiempo y tiene una repercusión internacional gigantesca. Zambra le va muy bien fuera de Chile. Chile tiene una producción editorial importante. Ediciones UDP llega a todas partes. Dominguez Michael dijo que es la editorial más importante del continente. Hemos recibido muchos halagos. Y hay muchas editoriales como Hueders o Montacerdos que son interesantes, que están tomando riesgos, que publican cosas llamativas. Yo creo que es un momento de esplendor. Incluso hay bastantes críticos. Los críticos chilenos son terribles. Y es una cosa que tienen que agradecer los escritores que se quejan mucho. Yo me he fijado que a un escritor argentino o español es muy difícil que en su país lo trate muy mal la crítica. En Chile, a un escritor chileno bueno, la crítica puede ser hasta injusta. Pero sobrevivir al medio literario chileno es difícil. Y ese medio está fraguado por los poetas, no por los narradores. Los poetas son los dueños de la plantilla. Entonces los poetas son más aguerridos, no hay dinero de por medio. Eso es otra cosa que lo hace ser más simbólico. Como es muy chico el mercado editorial, nadie se hace rico acá. Ni siquiera Jorge Baradit que está vendiendo miles de ejemplares (por su libro Historia secreta de Chile), no millones. Eso hace que todo sea muy simbólico. Y eso hace que haya mucha guerrilla. Los medios son muy aguerridos, y por ende muy difícil de sobrevivir, y muy competitivo. Hay gente muy buena. Chile tiene una noción que lo hace muy distinto de otros países. Ningún escritor chileno es discípulo de otro. Los poetas, en general, no cultivan el hecho de ser discípulo, prefieren ser originales. Eso también ha contaminado la narrativa. Una vez escuché que Hernán Ronsino, que es un gran escritor argentino, una especie de promesa ya cumplida, dice que trabaja con una parte de la obra de Saer. Eso es imposible que un chileno diga. Un chileno inventó todo, no se le ocurre la filiación, sino más bien el desvincularse. La necesidad de ser original es una cosa muy chilena, como hablar de sí mismo. Los poetas acá tienen eso. Huidobro quiso ser original a como dio lugar. Parra, De Rokha. Ninguno se parece a ninguno. El hecho de parecerse literariamente a otro es visto como desprestigio. Por ejemplo, Nicanor Parra considera que su primer libro tiene que ser anulado, que no existe, porque tiene vínculos con la generación del 27. Es tan grave, que Parra prefiere eliminar ese libro. Eso les pasa a todos los escritores chilenos. De cierto nivel. Por ejemplo, Bolaño no quiso parecerse a nadie. El gran trauma de Bolaño es no haber sido poeta chileno.
–O no haber sido poeta…
–No haber sido poeta, pero más no haber sido poeta chileno.