Yo soy

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viernes, 10 de julio de 2015

Maridos y esposas es el nuevo montaje que produce el Grupo Actoral 80, con la dirección de Héctor Manrique. La historia se centra en las vidas de dos matrimonios aparentemente perfectos


La incertidumbre explota desde la privacidad del ser humano
Martha Estrada, Daniel Rodríguez, Angélica Arteaga y Juan Vicente Pérez protagonizan la pieza | FOTO MANUEL SARDÁ
Martha Estrada, Daniel Rodríguez, Angélica Arteaga y Juan Vicente Pérez protagonizan la pieza | FOTO MANUEL SARDÁ
Maridos y esposas es el nuevo montaje que produce el Grupo Actoral 80, con la dirección de Héctor Manrique. La historia se centra en las vidas de dos matrimonios aparentemente perfectos

El vértigo de los diálogos atraviesa el jazz que suena al fondo, rebota en la sala de una casa matrimonial y capta las miradas. Entre el sofá azul y la mesa del centro ocurre una confesión. La aparentemente feliz pareja se separa. Ellos ya no quieren estar juntos; no desean tampoco ser juzgados. Las decisiones son, después de todo, mecanismo de existencia.
Con un cigarrillo siempre a mano, con el rostro desmaquillado y Edmundo Chirinos recostado momentáneamente en su diván, a Héctor Manrique le dieron ganas de montar una comedia. Seleccionó un guión de Woody Allen y adaptó a las tablas venezolanas Maridos y esposas. Una obra que habla de ese tiempo que se instala y complica las relaciones humanas.
La pieza, producida por el Grupo Actoral 80, se estrena mañana en el Trasnocho Cultural. Las funciones serán hasta septiembre.

En el cine, a comienzos de los años noventa, fueron el mismo Allen junto con Mia Farrow, Sydney Pollack y Judy Davis quienes representaron esta historia de parejas inestables que se buscan en los otros, en ellos mismos. En esta ocasión la trama está a cargo de Martha Estrada, Daniel Rodríguez, Angélica Arteaga y Juan Vicente Pérez, quienes desarrollan con maestría el humor, los conflictos, las desquiciadas dinámicas de sus personajes en la escena. Los acompañan Wadih Hadaya, Diana Díaz, Betzabeth Contreras y Aitor Aguirre, estos últimos integrantes de los talleres que dicta la agrupación teatral. “Todos de alguna manera hemos sido alumnos del Grupo Actoral 80”, dice Manrique.
Maridos y esposas no es una pieza pesimista sobre el hombre, creo más bien que es realista. Tolstoi decía que todas las familias felices se parecen, las infelices lo son a su propia manera. Creo que esta es la forma de ellos de buscarse. Si hay algo que me enternece de los personajes es que ellos tratan de que la situación sea mejor. Se preguntan cosas, apuestan por el afecto. A mí me gusta que la gente siga apostando”, agrega el director.
Esa búsqueda constante. En un juego inteligente entre el humor y el drama, la puesta en escena se apoya en un punto central en el que confluyen todas las historias. De allí salen y entran los personajes para dirigirse al público, que se ha convertido en una especie de entrevistador de la privacidad.
La historia arranca con dos matrimonios amigos que han quedado una noche para cenar. Antes de dejar la sala, Sally (Estrada) y Javier (Rodríguez) —hasta entonces la pareja ideal— anuncian su separación. Para Judith (Arteaga) y Gabriel (Pérez) esto constituye una tragedia; tal vez porque en el fondo comienzan ellos también a cuestionar las razones que sostienen su vida en común.
Las inseguridades, esas ganas que ya no son las mismas, las arrugas que empiezan a desdibujar la figura del erotismo, los reclamos guardados en las mañanas silentes, las terceras personas… Todo pasa por el juicio del amor y de la vejez que llega inexorable. Y al fondo el jazz, siempre el jazz.
Maridos y esposas es una obra en la que el GA 80 ha invertido tres meses de trabajo, incluida la investigación, selección de personajes y escenas. “Lo que uno busca es preguntarse cosas, no dar respuestas. Creo que la pieza no da respuestas, genera interrogantes sobre esa complejidad que somos las personas. Y amar es complejo. Pero si hay algo a lo que le apuesto es a eso, a pesar de todo, de los problemas”, finaliza Manrique.
Maridos y esposas
Estreno: mañana
Teatro Trasnocho, Trasnocho Cultural, Paseo Las Mercedes
Funciones: viernes, 7:00 pm; sábado y domingo, 6:00 pm
Entrada: 450 bolívares

sábado, 4 de julio de 2015

Monna Lisa, es una pieza teatral escrita y dirigida por Luigi Sciamanna

El ultraje a Monna Lisa

Escena de “Monna Lisa” de Luigi Sciamanna | Cortesía
Escena de “Monna Lisa” de Luigi Sciamanna | Cortesía
“Advertencia: Esta crítica contiene elementos de lenguaje, salud, sexo y violencia tipo A que pueden ser leídos y comentados por todo aquel que no se sienta ofendido por una opinión contraria a la propia. También devela partes importantes del argumento de la pieza, cosa que en lenguaje refinado se define como ‘spoilers’”
    “Sobre gustos y colores no escriben los autores”. FALSO. El oficio de escribir es en sí uno de los más subjetivos que existe. El autor tiene total libertad para escoger lo que quiere decir, las palabras que utilizará para decirlo y, por supuesto, la manera de decirlo. El mito ha muerto y debemos proceder a enterrarlo cuanto antes.
    ¿Qué sentido tiene traer a colación este asunto ahora? Muchísimo. No hay sujeto tan sensible y alérgico a la crítica que el público venezolano, más aún cuando se hace reproche de un espectáculo querido entre el público. Lo defienden ferozmente alegando que, precisamente, la crítica no tiene derecho a réplica porque “sobre gustos y colores no escriben los autores”. En realidad sí lo hacemos, tenemos derecho a ello y por eso me permito confesar que me alarma el hecho de que Monna Lisa, pieza escrita y dirigida por Luigi Sciamanna, tenga tan amplia aceptación por un público que la recomienda de forma exagerada por razones que son totalmente desconocidas para mí.
    Procedo a exponer las razones de mi desagrado hacia Monna Lisacomo si de un caso policial se tratara e intentando aclarar en la medida de lo posible cualquier asunto presente en la postura de quien opina. La desmenuzaremos como a un pollito, tomando las palabras de Simón, del siempre recordado maestro Chocrón.


    Advertencia: Esta crítica contiene elementos de lenguaje, salud, sexo y violencia tipo A que pueden ser leídos y comentados por todo aquel que no se sienta ofendido por una opinión contraria a la propia. También devela partes importantes del argumento de la pieza, cosa que en lenguaje refinado se define como spoilers.

    La escena del crimen
    La producción de Monna Lisa es impecable desde todo punto de vista. Existe una dirección de arte sumamente detallada y acorde con el período histórico que presenta. El vestuario es sumamente variado, de carácter y bien confeccionado; la escenografía es precisa y representa a cabalidad cada locación descrita. Existe una buena relación entre el actor y su entorno.
    Acotación previa
    Admiro el trabajo de Sciamanna y en su momento recomendé 400 Sacos de arenaMonna Lisa concluye la saga del renacimiento del autor/director con una comedia policial de enredos que no se sostiene por dos razones fundamentales: el argumento y sus actores.
    El autor plantea el robo de la famosa Giocconda de Leonardo Da Vinci de las instalaciones del Louvre cuando de antemano sabemos el desenlace de la historia. Con un final anticipado, la atención entonces no se concentra en cómo termina la historia sino en su desarrollo. Para ello, Sciamanna plantea una sátira policial protagonizada por Jorge Palacios y Armando Cabrera que encarnan a Sigmund Freud y Camille Saint-Saens respectivamente, que deben trabajar en conjunto para desentrañar el misterio del hurto. Sus actuaciones son impecables y la química entre ambos genera una comedia franca y espontánea, de las pocas cosas rescatables en este caso.
    También se excluyen con pinzas las actuaciones de Wilfredo Cisneros, quien interpreta a los ministros de exterior de Inglaterra, Francia y del director del Museo Louvre; y a Carlos Sánchez Torrealba, que presta su cuerpo a un Pablo Picasso bastante convincente y a un juez corrupto, entre otros personajes. La capacidad de ambos para desdoblarse es digna de reconocimiento y sirve de aliciente para las nuevas generaciones de actores.
    Los victimarios
    Quien escribe no posee dotes de medium para saberlo, pero opina que si Monna Lisa se redujera en sus enredos a las cuatro excepciones citadas anteriormente el resultado sería de una mayor calidad. Lejos de ello, la acción principal –el robo– se diluye en una decena de situaciones que no aportan absolutamente nada a la resolución del conflicto y que están en manos de actores poco hábiles que interpretan personajes débiles que no son capaces de aguantar la densidad de la pieza, que alcanza unas tres horas de duración.
    Las armas homicidas
    Además de varias actuaciones discutibles, hay escenas que no se justifican en absoluto. Los involucrados en el robo de la Monna Lisavuelan de París con el cuadro mientras suena al fondo la suite de El lago de los cisnes de Tchaicovsky. La relación entre la pieza, la escena que musicaliza y ambas dentro de los acontecimientos no guardan relación entre sí ni contribuyen al avance de la trama.
    Otra escena reprochable es la del tango en la casa de citas de Maha Tari. Por una cabeza de Gardel es víctima de un baile mal ejecutado que intenta parodiar de forma infructuosa la mítica escena de Al Pacino en Perfume de Mujer.
    Hacia el final conocemos a un personaje cuya intervención tampoco resuelve el conflicto pero resulta ser la madre perdida de uno de los guardias del museo y de un sicario. También descubrimos que Maha Tari en realidad es venezolana, se llama Coromoto y robó a La Giocconda para cambiarlo por armas para la resistencia a la dictadura de Juan Vicente Gómez. La brillante comedia de enredos que pudo ser resuelta en hora y media se extiende otra hora y media más para amparar situaciones inverosímiles como esta, que no causan gracia sino confusión.
    Pero la pieza, lejos de finalizar con estos hallazgos absurdos, concluye con el saludo de los actores en un discurso metateatral donde el dueño del teatro –interpretado por Sánchez Torrealba– agradece al público asistente en tiempos convulsos –para este momento nos ambientamos en el estallido de la Primera Guerra Mundial– y asegura que a pesar de lo que pueda ocurrir, la compañía continuará trabajando por el arte y para el arte. Acto seguido, los actores se colocan máscaras de gas y salen de escena, concluyendo de esta forma con la función de forma definitiva. En opinión particularísima de quien escribe, los finales deben ser muy cuidadosos en su última reflexión para no ser tomados como una moraleja digna de cualquier fábula de Esopo. Pero es algo que depende del estilo de cada escritor o director; en este caso depende de ambos.
    Si tengo o no tengo razón es algo que no constituye en una preocupación para mi persona. El único objetivo de un escritor, más allá de escribir sobre gustos y colores, es llegar a las manos del lector. ¿No me cree? Vaya usted este fin de semana a ver Monna Lisa y reflexione sobre las cuestiones que aquí planteo. Si concuerda o no concuerda conmigo no interesa: logré que pensara en mi planteamiento mientras disfrutaba la función.
    Caso cerrado

    Como continuación de la segunda parte de la serie ofrecemos una entrevista a Roberto Lovera de Sola, historiador, escritor y crítico de teatro.

    El imaginario teatral venezolano (II)

    Roberto Lovera de Sola / Foto cortesía
    Roberto Lovera de Sola / Foto cortesía
    Como continuación de la segunda parte de la serie ofrecemos una entrevista a Roberto Lovera de Sola, historiador, escritor y crítico de teatro
    Hombre de letras: historiador, escritor y crítico de teatro, miembro fundador y activo de la Fundación Francisco Herrera Luque, que labora en los espacios de la Biblioteca Los Palos Grandes, donde es coordinador de Los Tertulieros se reúnen. Recientemente fue orador de la tertulia dedicada a Leonardo Azparren Giménez con motivo de su antología Clásicos del teatro venezolano. He aquí sus comentarios e impresiones sobre nuestro imaginario teatral.
    A su modo de ver ¿cuándo comienza la dramaturgia venezolana?
    El teatro venezolano comienza con Virginia de Domingo Navas Spínola, que es un gran elogio a la libertad utilizando elementos de la historia del imperio romano. Navas Spínola es una gran figura pero poco conocida, compañero de Andrés Bello durante sus años como universitario.
    Virginia fue una pieza bastante costosa de conseguir para la Antología.
    De hecho en conversaciones previas con Azparren Giménez aclaró que una de lasépocas más prolíficas del teatro venezolano fue precisamente la época colonial, pero que lamentablemente se conservaron muy pocas piezas de este período
    Eso es cierto. Por otra parte, Arístides Rojas señala como primera pieza de la dramaturgia venezolana el Auto Sacramental en honor a Nuestra Señora del Carmen, con elementos también prestados de la mitología grecorromana. Lo único “caraqueño” en esa pieza es el personaje de Raposanta, que es un mendigo que, entre otras cosas, termina vaticinando el terremoto de 1812.
    Hay que recordar también que el primer género literario que apareció en Venezuela fue el teatro, después de la poesía.
    ¿Incluso antes que el cuento o la novela?
    La literatura venezolana es retomada en los años posteriores a la guerra de independencia, antes de este período no tenemos ninguna noticia de algo que pueda pertenecer a un género narrativo en Venezuela, Lo hubo en otros lugares como Perú y México, De hecho, la primera novela de Latinoamérica se publica en 1816 escrita por un autor mexicano.
    ¿Qué factores influyeron para que el teatro fuese el primer género en desarrollarse?
    Alrededor de 1784 se inaugura la primera sala de teatro en Caracas, que quedaba  en la esquina del Conde. En ese período se escribieron y montaron muchísimas obras de teatro en Caracas, obviamente no de autores venezolanos porque hasta la llegada de Andrés Bello no se tiene ninguna información sobre piezas escritas por venezolanos
    A excepción del Auto Sacramental
    Salvo por esa pieza, que está incompleta y cuya fecha de publicación se desconoce. En el caso de Andrés Bello, en cambio, sabemos con exactitud que su Oda a la Vacuna fue escrita en honor al médico Balmis, introductor de la vacuna contra la viruela en Venezuela.
    ¿Cómo comienzan a pulular los grandes temas del teatro en el imaginario venezolano?
    Depende en gran parte del período histórico. Los dramaturgos que escribieron en los años posteriores a la guerra de Independencia de Venezuela dedicaron sus escritos a la libertad, la lucha contra el poder despótico y el patriotismo, muchas de las piezas de la antología de Azparren Giménez tratan esos temas.
    Luego se desarrollan temas más universales y desgarrados. Es importante destacar que al final del siglo XIX el gran éxito de la época es Madame Bovary, de modo que comienzan a diversificarse las situaciones en el imaginario popular.
    Más que temas universales, ¿cuáles han sido las temáticas, planteadas por nuestros dramaturgos, que han distinguido la dramaturgia venezolana de cualquier otra?
    Aquellas que representan al país. En el caso de José Ignacio Cabrujas, por ejemplo, el temadel fracaso generalizado en sus argumentos fue su sello característico. Para Isaac Chocrón, la familia escogida fue una verdad indiscutible y una arteria de su dramaturgia. De una forma u otra, los dramaturgos venezolanos han tenido el deber y la necesidad de leer la palma del país y llevarlo a escena; eso es precisamente lo que ha marcado nuestro imaginario.

    Didascalia: El imaginario teatral venezolano (I)

    ¿Qué es un imaginario? / Foto cortesía
    ¿Qué es un imaginario? / Foto cortesía
    “Me refiero al universo de seres y cosas que se encuentran en nuestra mente y que nos diferencian de los demás”

    A manera de prólogo: ¿Qué es un imaginario?
    El diccionario de la Real Academia Española lo define en su primera acepción como algo “que solo existe en la imaginación”. Ese significado es cierto solo hasta cierto punto, o al menos hasta el punto que nos atañe cuando recurrimos al estudio del hecho teatral.
    El teatro, en palabras del director, profesor y dramaturgo chileno Sergio Arrau, tiene “naturaleza sintetizante, y esta síntesis se efectúa en torno al hombre como núcleo generador y actuante”. El teatro sintetiza expresiones artísticas como la pintura –el color que se incorpora a la escenografía, el vestuario, el maquillaje-, la escultura –el actor y su ubicación en el espacio–, la arquitectura –proporción de la escenografía con su escenario–,  la música y la danza.
    La riqueza del teatro que Arrau plantea no solo radica en la suma de todos estos factores, sino en el hecho de que cada director, actor o profesional del escenario conserva dentro de sí una forma, una óptica distinta para observar este fenómeno. El único factor que no se debe perder de vista es el objetivo principal del arte escénico: representar el aspecto humano.
    Y sin embargo, el aspecto humano que represente el teatro será tan variado como variados son los idiomas y las razas existentes en este planeta al que llamamos Tierra. El teatro español no toca las mismas diatribas del teatro inglés –aunque se sigan refiriendo a problemas que atañen al género humano– y estos dos son diametralmente opuestos al teatro japonés, sencillamente porque su forma de percibir el mundo son distintas. Este ha sido uno de los grandes problemas del teatro venezolano en su historia: encontrar una voz propia, reconocerse como distinto e invertir tiempo, dinero y esfuerzos en consolidar un estilo que se pueda considerar como propio. He aquí la importancia de definir cuáles son los seres que habitan el imaginario artístico nacional.
    Cuando hablo de imaginario, me refiero al universo de seres y cosas que se encuentran en nuestra mente y que nos diferencian de los demás. Se trata de las costumbres y relaciones que elaboramos día a día como animales sociales que somos según Aristóteles, pues la forma en que nos relacionamos con nuestro entorno es única e irrepetible. Y precisamente de esta relación debería ocuparse nuestra dramaturgia actual. Si lo ha hecho o no y de qué forma la ha abordado a lo largo de nuestros doscientos años como República, es un tema que abordaré en próximas oportunidades.
    Por último, rescato la respuesta de Constantin Stanislavski a un par de estudiantes americanos, cuando le expresaron sus deseos de ser una réplica del Teatro de Arte de Moscú en América.
    Ustedes son americanos, tienen un sistema económico diferente. Tienen un horario diferente de trabajo. Comen una comida diferente y a sus oídos les complace una 
    música distinta. Tienen un ritmo diferente en su lengua y en sus bailes. Y si quieren crear un gran teatro deben tener en cuenta todas esas cosas. Han de utilizarlas para crear su propio método, y puede ser tan válido como cualquier otro que se haya descubierto hasta ahora.

    jueves, 2 de julio de 2015

    44 DRAMATURGOS Y 44 OBRAS DE TEATRO. POR: ROBERTO LOVERA DE-SOLA

    TALLER CRITICO
    SIN DUDA, CLASICOS[1]
    44 DRAMATURGOS Y 44 OBRAS DE TEATRO.
    POR: ROBERTO LOVERA DE-SOLA


    A la Fundación Herrera Luque le da una gran alegría recibir hoy en nuestro Círculo de Lectores al crítico teatral, profesor e investigador de la historia de nuestra escena Leonardo Azparren Giménez(1941). El es para nosotros, quien escribió el libro mayor de nuestra crítica teatral, su La polis en el teatro de Esquilo. Tampoco deja de ser central su libro El teatro en Venezuela, por ser la mejor historia de su proceso que tenemos. Y menos debemos dejar de mencionar su compilación documental sobre aquello que conocemos sobre nuestro teatro en los días coloniales. Ultimamente nos ha dado dos introducciones a la obra de dos de nuestros más destacados hombres de teatro contemporáneos, al escribir sobre José Ignacio Cabrujas y e Isaac Chocrón. En el caso de Cabrujas compiló toda su obra teatral y sus textos complementarios, en cinco volúmenes[2].
    Nos reunimos esta mañana para celebrar la aparición de un obra que no podemos dejar de señalar como la primera y más importante antología del teatro venezolana. Primera, no cronológicamente hablando, porque ha había otras previas que citaremos más abajo, sino por ser la que nos permitirá,a través de las 44 obras que la forman, obra de 44 autores nuestros, comprender el periplo de doscientos años de nuestra escena teatral, desde una obra de Gaspar Marcano(1781-1821) hasta Rodolfo Santana(1944-2012), para nosotros el quinto gran autor del teatro venezolano.
    Tenemos abierta en nuestras manos, y cerca sobre nuestra mesa de trabajo, los tres tomos,2602 páginas, del vasto trabajo del admirado Azparren: Clásicos del teatro venezolano,1817-2011(Caracas: Bid & Co. Editor/Banesco Seguros,2015. 3 vols) esta tiene la particularidad que todas las obras elegidas están completas, del primer al último parlamento, en esta obra. Además ella, esta es la importancia de editar el teatro, permitirá a los grupos teatrales las nuevas puestas en encena de las obras recogidas en esta obra. O, en algunos casos, su estreno por vez primera. Y puestos a entrar dentro de lo que este libro nos propone, que es mucho, no podemos dejar de agradecer, como trabajadores y animadores culturales, a Banesco Seguros que haya auspiciado la edición de esta obra, de hecho su epílogo lo escribió el presidente de esa empresa, Luis Xavier Luján, gracias le damos, nuestra literatura siempre buscará buenos mecenas, como el caso del que nos reúne hoy. Y editar un libro fundamental, como estos Clásicos del teatro venezolano no puede ser más importante. Desde luego, no podemos dejar de mencionar a Bernardo Infante Daboin, el magnífico editor de la obra.

    LAS OTRAS ANTOLOGIAS

    Hemos señalado que estos Clásicos del teatro venezolano la preceden las siguientes siete antologías, ellas nos permiten seguir los caminos de nuestro teatro. El del siglo antepasado se nos hace presente en la de José Gabriel Núñez(1937): Selección de teatro venezolano del siglo XIX, en la Antología del teatro venezolano del siglo XIX, de José Rojas(1930) y en la de William Anseume(1965): El drama en Venezuela durante la primera mitad del siglo XIX. Lo que algunos de nuestros dramaturgos han escrito para el teatro que se hace en los colegios y liceos lo hallamos en la muestra de Efraín Subero(1931-2007), de allí su Teatro Escolar; al vasto proceso dramático que aparece a partir de principios de los años cincuenta se puede seguir, en sus momentos más singulares, a través del volumen del antólogo cubano Carlos Miguel Suarez Radillo(1919-2002): 13 autores del nuevo  teatro venezolano y las grandes líneas de nuestro teatro escrito por mujeres a través de los centones compilados por la profesora ecuatoriana Susana Castillo: Las risas de nuestras Medusas y por la periodista venezolana Lorena Pino Montilla(1972): La dramaturgia femenina venezolana[3].   estas muestras se une ahora la de Azparren.


    UNAS OBSERVACIONES PREVIAS

    Debemos decir, primero, que el teatro venezolano se inició, en 1804, con la pieza de Andrés Bello(1781-1865) la Venezuela Consolada[4], la obra celebra un hecho social-sanitario: la introducción de la vacuna en nuestra tierra. Esta es la primera obra, la fundadora del teatro venezolano, y no nos debe llamar la atención que sea proiducto del ingfenio de don Andrés, ya en aquellos años escritor respetado, pese a su juventud, tenía entonces viente y tres años, y su obra poética la había comenzado con textos suyos desde 1800. Pero como Bello fue un fundador no solo puso las bases del teatro venezolano, con su sólida obra, sino que además fue en aquel período, antes de su viaje a Londres, en 1810, el fundador de nuestro periodismo, ello cuando le tocó ser el redactor de la Gaceta de Caracas(octubre 24,1808), la primera producción de nuestra imprenta, una vez instalado, meses antes, el primer taller tipográfico en Caracas. Fue también el primero en escribir en letras de molde, en el editorial incial de la misma Gaceta de Caracas, la palabra “Revolución” que si bien apareció en 1808, bautizó los nuevos tiempos que se abrían, caminabamos ya hacia la emancipación. Planeó luego, junto a Francisco José Vidal Isnardi(1775.1826)[5], la que hubiera sido nuestra primera revista, El Lucero(1809), la cual si no llegó a editarse quedó su prospecto. Y luego, fue el editor del primer libro impreso en Venezuela, El calendario manual y guía de forasteros en Venezuela para el año de 1810, pequeño libro de 64 páginas, preparado por él, allí insertó su “Resumen de la historia de Venezuela”, su prosa más antigua conocida, es un ensayo sobre la historia del país hasta ese año.
    Ahora bien, la Venezuela consolada no está en la obra de Azparren porque él prefirió, con buenas razones, expuestas en el prólogo, iniciar su recolección en los días de la independencia, cuando se pugnada por la creación de la patria. La obra de Bello, con todo su valor, procedía de la etapa anterior a la proclamación de la emancipación, días en que nuestra patria era España. Y, pese a ello, y no se crea que es una crítica de Azparren, ya hemos expuesto su por qué, nosotros la hubiéramos recogido en esta muestra por ser la obra iniciadora de nuestra dramaturgia, presentada a poco de haberse construido, en 1784, por decisión del gobernador  Manuel González Torres de Navarra, también a fines de la época colonial, nuestra primera sala de teatro, en la esquina del Conde.




    EL TEATRO: EL PRIMER GÉNERO DE NUESTRA LITERATURA EMANCIPADA

    Segundo, y esto hay que saberlo y señalarlo, en la literatura venezolana emancipada el teatro fue el primer género cultivado, antes que el cuento, la novela y e incluso el ensayo y la crítica literaria, no así la poesía. Esos títulos son los del fundador de la narrativa venezolana, don Fermín Toro(1806-1865), primero con su cuento “La viuda de Corinto”, publicado en 1837(El Liberal, Caracas: julio 25,1837) y un lustro más tarde nuestra primera novela, Los martires, editada en 1842(Los mártires, El Liceo venezolano, Caracas, n/ 2-7,1842); el ensayo se anticipó unos años, ya que su primer gran momento data de 1815, es la Carta de Jamaica del Libertador, que siendo un análisis politico constituye el primer gran ensayo de nuestra literatura, por la forma como su autor cultivó ese género y por la bella prosa en que está escrito. Es página cenital de nuestras letras. La crítica literaria, no podía ser de otra forma, la fundó Bello en su primer artículo del género, en su revista londinense, la Biblioteca Americana en 1823; en 1826, en su segunda revista inglesa, El repertorio americano, reseñó, sentimos que demasiado brevemente, la pieza de Domingo Navas Spinola Virginia, que fue la primera pieza impresa del teatro venezolano, ya que aquella con la que se inicia la antología de Azparren si bien data de 1817, años antes de Virginia, no fue conocida hasta 1917, un siglo después, cuando don Manuel Segundo Sánchez(1868-1945), nuestro primer bibliógrafo, la rescató y publicó en un libro[6]. No nos referimos aquí a la poesía porque esta se inició en Venezuela a poco del descubrimiento y la colonización, siendo nuestro primera poeta el conquistador, y mas tarde sacerdote, Juan de Castellanos(1522-1607), quien 1589, publicó su Elegías de varones ilustres de Indias, en donde está registrada la Venezuela que el sintió, recorrió y padeció. Señalamos también que si cronológicamente hubo un poeta anterior a Castellanos, llamado Pedro de la Cadena(1542-d1607), este ni siquiera estuvo alguna vez en Venezuela. Lo que escribió, que no es para nada malo, fue aquello que le contó, lejos de Venezuela, el fundador de Cumaná, Diego Fernández de Serpa. Y lo decimos, porque existencialmente Juan de Castellanos le gana.

    LA ENTRAÑA DE LA MUESTRA

    Azparren abre estos Clásicos del teatro venezolano con un prólogo explicativo sobre su tarea.
    Anota en él que sus “Clásicos del teatro venezolano es una antología de quienes lo son o serán, aun siendo desconocidos o ignorados, pero no de todos los que son. Es decir, que nuestra selección no pretende ser canónica pero si justa con los que están…Presentamos un panorama histórico de la dramaturgia venezolana desde la constitución del teatro nacional a comienzos del siglo XIX, que permita comprender como fue convirténdose el imaginario dramático de lo que somos…Al igual que con todo producto cultural, existen correlaciones dinámicas entre los marcos sociales venezolanos y el universo imaginario de nuestros dramaturgos, que han permitido representar diversos tipos de respuestas simbólicas a los contextos en los que cada autor produjo su obra. El lector podrá aproximarse a como nuestra dramaturgia representó en el siglo XIX el sistema de valores y creencias de la sociedad venezolana, necesario para consolidar la república y legitimar su modelo de sociedad…Muy distinta es la situación desde los comienzos del siglo XX. En primer lugar por la presencia del país con sus problemas y perspectivas de los temas y de las obras. Fue el inicio de una visión moderna del teatro y su función social. Los dramaturgos comenzaron a interrogarse por qué el país era y estaba en determinadas situaciones y cómo la persona, en primer lugar el propio dramaturgo, se veía afectada…Este cambio generó un proceso constante de modernización del discurso teatral a lo largo del siglo”(t.I,p.7-9).

    CRITERIOS DEL ANTÓLOGO

    Explica Azparren que sus criterios de selección de las obras que aquí hallamos fueron: a) “el primero pero no más importante es…las preferencias del antólogo…b) El segundo, tanto o más importante; es el lugar histórico del autor y su obra en la historia del país y del sistema del teatro nacional; c) fue querer prsentar un panorama de cuya lectura pueda desprenderse una comprensión de lo que ha sido y es la dramaturgia venezolana a lo largo de dos siglos”(t.I,p.8).
    En cuanto a “las preferencias del antólogo” a las que se refiere bien vale un escolio: no se trata, para nada, de una abitrariedad, la sección fue posible gracias a más de medio siglo de dedicación al estudio, a la enseñanza y al siguimiento del teatro venezolano. Y Azparren la denomina “preferencias del antólogo” porque al compilar una antología hay que hacer uso de lo que se llama “el gusto literario, teatral en este caso. En las elecciones hechas no hay nada fortuito. Y, desde luego, como dijo nuestro Alfredo Arvelo Larriva(1883-1934) esta muestra no es una “antojolía”, como aquel grande poeta dijo.

    CONSTITUCIÓN DEL TEATRO NACIONAL

    Para Azparren las obras que hay que tener en cuenta en los inicios del desarrollo del teatro venezolano, a partir de la Independencia las mencionaremos ahora. Con relación a la primera debemos indicar que este diálogo entra muy bien dentro del perfil de lo que fue nuestra literatura durante el período de la emancipación, letras que fundamentalmente se refieron, y también empujaron, las luchas de los venezolanos por obtener la libertad. Constituyeron una literatura de emergencia, de partido y de combate. En ello cabe muy bien lo que nos ofreció Gaspar Marcano.
    Y terminado el período bélico aparecieron otras ya propias de la sociedad que en la cual la guerra había terminado, eso sucedió entre nosotros con la Toma de Puerto Cabello(1823), por las tropas del general José Antoio Páez(1790-1873), fin de la guerra emancipadora entre nostros.

    SE CREA UNA SOCIEDAD

    Pero los ideales que motivaron aquella inmensa comoción se verán claros en la llamada a la libertad, de la pieza de Navas Spínola, Virginia,en 1824, esta coincide plenamente con los inicios de un país que buscaba un sendero, por ello no nos debe llamar la atención que en aquella misma década hallamos comenzado nuestro recorrer con la publicación de un libro de historia, la segunda edición de la Historia de Oviedo y Baños, editada, precisamente, en el taller del mismo Navas Spínola y con la edición de un libro de ciudadanía, el Manual del Colombiano, atribuido a Tomás Lander(1787-1845). Aquí el tercer hecho fue la edición y puesta en escena de Virginia.
    Sigue Rafael Agostini(c1808-1881) con su Cora o los hijos del sol en la que explora el pasado aborigen, no de aquí sino del Perú de la conquista. Es una obra de carácter histórico, de las cuales continuaran siempre diversas obras de teatro y otros géneros. Otra visión del pasado lejado es la obra de Pedro Pablo del Castillo El fanatismo druida o la sacerdotisa(1839).
    Vale aquí un escolio porque la historia siempre ha estado presente en los diversos pasos y meandros de nuestra cultura, por ello escribió el profesor Germán Carrera Damas(1930):

    “La historia es quizá el ramo del conocimiento que más ha pesado hasta el presente en el complejo cultural venezolano. Las diversas expresiones de nuestra cultura exhiben huellas de una fuerte carga histórica, manifiesta no solamente en lo que sería normal integración de sus componentes, sino también en la presencia de la Historia como disciplina básica en la elaboración de los múltiples productos culturales. Asi es constante, a veces enconado y por momentos ridículos, el ardor puesto en el debate en torno a las cuestiones históricas tradicionalmente consideradas de mayor signficación”[7].

    La cita al maestro de nuestra historiografía nos hace ver claramente que, como él lo expone, ella es válida tanto para la historia como para la historia literaria. Recuérdese siempre que los venezolanos ante cada hecho, politico o escrito, siempre nos preguntamos por su origen, por la primera vez que se dijo o escribió: esto es una manifestación de una desarrollada conciencia histórica.
    La presencia, tan constante de la historia en nuestra literatura, el teatro también lo es, no debe llamarnos la atención, porque, por ejemplo, cuando se funde la novela esta se iniciará con una novela histórica, en 1842, Los mártires, y con una segunda novela del mismo género, en 1882, Zárate, de don Eduardo Blanco(1838-1912), el mismo autor de Venezuela heroica(1881), no nos debe llamar la atención que  ambas nos revelen el pasado y se acerquen a un hecho singular: a la vioiencia en el país. Desde luego, entre Los Mártires y Zárate, se publicaron otras viente novela, algunas solo protonovelas, pero fue en Zárate, nueve años ante de Peonía(1890) la primera en revelar a los venezolanos tal cual somos. Desde luego, no le quitamos mérito alguno a la novela de Romerogarcía, puede leerse aun hoy, como Zárate, con gratificaciones estéticas.
    Pronto entra en escena el romanticismo, que venía significando desde fines del siglo XVIII, cuando apareció en Alemania, una revolución estética y humana. Azparren eligió para ese período obras de Heraclio Martín de la Guardia(1829-1907), el que considera el mejor de aquellos tiempos, un creador que fue inmensamente popular en su tiempo, aunque hoy se le desconozca fuera de los medios académicos; encontramos a Eloy Escobar, uno de los amigos venezolanos de José Martí(1853-1895), durante su paso por Venezuela en 1881, destacado poeta elegíaco, como nos lo mostró Luis Beltrán Guerrero(1914-1997)[8] y dramaturgo, cuya pieza Nicolás Rienzi(1862) nos descubre Azparren. En ese período apareció don Eduardo Blanco(1838-1912) autor de dos célebres libros, Venezuela heroica y al año siguiente la que es considerada la primera novela venezolana, Zárate, la inicial, no porque no hayan publicado otras antes sino porque fue la primera en pintar a Venezuela, a los venezolanos, a sus costumbres y angustias. En Madrid sucede la pieza Lionford(1879) de don Eduardo. El siglo termina con otras obras en las cuales aparece el hogar, las parejas, las familias y sus cuitas psicológicas y humanas. Sus autores fueron Anibal Dominici(1837-1897) por La honra de la mujer(1880); Nicanor Bolet Peraza(1838-1906), con el sentido del humor mira todo con ojos costumbristas, tal A falta de pan buenas son tortas(1873). Por su parte José Ignacio Lares(1847-1921)[9]trazó en El recluta(1896) uno de los grandes males de aquel país, la recluta obligada con las que se formaron las “tropas colecticias”, que dijo Santiago Gerardo Suarez(1936-1996), con las cuales se movían los caudillos en las guerras civiles. Sobre el mismo hecho nos quedaron también dos novelas de aquella tragedia, El sargento Felipe(1899), de Gonzalo Picón Febres(1860-1918) y El recluta, de Virginia Gil de Hermoso(1856-1913), publicada sesenta y cinco años después de haber sido escrita, antes de la muerte de la escritora.
    Cierra el siglo por el dramaturgo que Azparren considera el mejor de la centuria(t.I,p.15), el merideño Adolfo Briceño Picón(1846-1929), nos permite leer aquí su pieza Ambrosio Alfinger(1887), recreación histórica sobre el primer gobernador Welser. De Briceño Picón otros antologistas han recogido y celebrado, al menos dos veces, su pieza El Tirano Aguirre(1873), recreación sobre aquel psicópata que antes de morir mató a su propia hija para “que no fuera colchón de ningún hombre”. Y a los venezolanos nos llamó “comedores de arepas”.
    Cierra Azparren el siglo XIX, tan importante en nuestra historia como en nuestra literatura, anotando: “Los dramaturgos del siglo XIX tuvieron algunas virtudes…en primer lugar, conocimiento y dominio pleno de las preceptivas propias de los modelos discursivos que emplearon y del idioma…siempre tuvieron presebte el público al que se dirigían…Teatro de su siglo y para su siglo, el universo romántico del teatro venezolano del siglo XIX está enrraizado con sentido de la realidad aunque, como sucede siempre, al final del período de consolodición del teatro nacional dio muestras de agotamiento y preparó el terreno para la renovación que se dio a comienzos del siglo XX”(t.I,p.16).

    PRIMERA MODERNIDAD

    Para Azparren la Primera modernidad, ya en el siglo XX, a partir de 1909, la cierra a fines de los años cincuenta. Las obras escogidas, y que aquí, repetimos, podemos leer íntegras, se inician con Salustio González Rincón(1886-1933), uno de los hombres de la generación de La Alborada, con su obra Sombras(1909). González Rincones, hay que decirlo también fue un muy destacado poeta, tanto que Jesús Sanoja Hernández(1930-2007) lo caracterizó como uno de los tres poetas en cuyo escribir se prudujo una revolución en el lenguaje. Las otros dos son José Antonio Ramos Sucre(1890-1930) y Rafael José Muñoz(1928-1981)[10]. Sobre Sombras, explica Azparren que su asunto “es la confrontación de los ideales del progreso de la ciencia con el lastre de las tradiciones y las imposiciones desde el poder”(t.I,p.17).
    Le siguió su otro compañero en La Alborada, el maestro Rómulo Gallegos(1884-1969) por su píeza El motor(1910). Aquí es bueno advertir que la obra de Gallegos, conocida desde poco antes, se inicio con textos ensayísticos en La Alborada, con su pieza al año siguiente, luego con sus cuentos y a partir de 1920 con sus novelas. En El motor, sin restarle mérito alguno, están todos los temas que vamos a encontrar en sus novelas. Es muy moderno el plantamiento, se acerca a González Rincones, por su protagonista Guillermo Orosía, desea crear una máquina de volar.
    En el caso de Gallegos es necesario recalcar que fue sólido su escriibir ensayístico en sus artículos de La Alborada, después recogidos en Una posición en la vida(1954), estos tienen el inmenso valor que en ellos expone el maestro de Doña Bárbara, los fundamentos de lo que deberá ser nuestra sociedad civil y democrática. Y lo hizo, casi al unísono, cuando Laureano Vallenilla Lanz(1870-1936) exponía, en sus ensayos, que irían a formar su Cesarismo democrático(1919), la tesis favorable a la dictadura, como el régimen propio para el país.
    Cerca de ellos estuvo otro campañero de aquellos, Julio Planchart(1885-1948), este fue el crítico literario de La Alborada y después el autor de una pieza politica La República de Cain, escrita entre 1913 y 1915, imposible de ser montada bajo la dictadura de Gómez, ya que en ella Gómez era Cain(también Gómez es Doña Bárbara, el personaje de su compañero). Por ello, La República de Cain no pudo ser impresa hasta 1936, y aunque algunos críticos, como Alba Lya Barrios[11], la han estudiado, esta que aparece en el libro de Azparren es su segunda edición. Lo que permitirá a nuestros teatreros su montaje, cosa nunca hecha. Y a los espectadores poder penetrar en el hondo mensaje que don Julio nos comunica a través de sus parlamentos, porque hay allí planteamientos que van más allá de aquella dictadura y aquel estado de cosas censurado por don Julio, hay allí elementos que tienen que ver con la historia de nuestras ideas.
    Pronto nos vamos a encontrar con el dramaturgo por excelencia de nuestro teatro, para nosotros, hasta que apareció César Rengifo(1915-1980). Nos referimos a don Leopoldo Ayala Michelena(1892-1962), de quien aquí encontramos su sainete La Taquilla(1922), gran género de nuestro teatro. En otras piezas, mas existenciales, con aquella llena de ternura Al dejar las muñecas(1922), hemos hallado la influencia del dramaturgo noruego Henri Ibsen(1828-1906) en él.
    Otros dramatrurgos de aquellos años son Pablo Dominguez(1901), con Tremedal(1933); la bellisima pieza de Andrés Eloy Blanco(1896-1955) Abigail(1937), todavía recordamos vivamente a Pilar Romero, cuando, con toda la belleza de sus gestos actorales, la protagonizó hace pocos años, en un montaje del grupo Rajatabla. Abigail es una parábola bíblica y el lenguaje del poeta es evidente. Pero no fue la primera incursión teatral de Andrés Eloy, había escrito otras obras. Pero Abigail es seguramente la principal de sus piezas.
    Diversos registros de un teatro que se hacía moderno vamos a hallar en El hombre que fue, de Luis Peraza(1908-1973); en Fogata(1939) de Julián Padrón(1910-1954), con su hondo sentido sexual, lo cual era una novedad en 1938; El polo negativo(1942), de Eduardo Calcaño(1909-1991), con todas sus disquisiciones sobre el arte; en La casa(1945) de Ramón Díaz Sánchez(1903-1968) vemos los desarrollos dentro dentro de la sociedad que cambia, ello a través de una vieja familia que se niega a vender su vieja mansión para construir allí un edificio. Hay un contrapunteo, posible de examinar, entre La Casa y la novela de don Ramón Borburata(1960) donde los tiempos cambían tambien y donde aparece un singular personaje femenino; de la obra de Aquiles Certad(1914-1986), aquí se elige La serpiente sobre la alfombra(1951) es una de sus “comedias atemporales y exquisitas… ingeniosas, finas y de buenos modales que representa una sociedad fina y elegante, alejada del ajetreo diario”(t.I,p.23). Un tesista universitario, cosa que hemos sugerido más de una vez, debía tomar como tema de su disertación el examen de la obra de Certad.
    Hemos dejado aquí a propósito para cerrar esta parte a Rafael Guinan(1881-1957). Aquí aparece Yo también soy candidato(1939) tantas veces representado. Pero debemos subrayar que Guinán además de sus magníficas piezas fue también un destacadísimo actor, uno de los mejores del teatro venezolano de su tiempo, cuyas actuaciones el público celebró con fervor. Después fue de los iniciadores del cine, de la radio y de la televisión.
    De este mismo período, pero ya en los años cincuenta Azparren nos hace reparar en una obra de Pedro César Dominici(1872-1954), Amor rojo, sobre una revolución. Fue él uno de los escritores del modernismo, quien trajo aires nuevos, cosmopolitas a nuestra ficción. Ha sido rescatado en estos años por los estudios críticos que le ha dedicado José Balza(1939).
    Están aquí también dos mujeres: nuestra altísima poeta Ida Gramcko(1924-1994), la dramaturga de La Rubiera y Elizabeth Schon(1921-2007) por Intervalo. En esos mismos años siguió el cultivo del teatro el maestro Arturo Uslar Pietri(1906-2001), cosa que había comenzado en su juventud con sus piezas “E Ultreja”(1927) y “La llave”(1928), pero quien desarrollaría su escribir en este tentador campo del teatro, con él mismo advirtió, en los años cincuenta, de él ha recogido Azparren aquí El dios invisible, que plantea a nuestro modo de ver un asunto religioso, ya que en ella se plantea la imposibiliad del ser humano “de acceder a instancias superiores inconoscibles”(t.I,p.25), es decir el agnoticismo, que es aquella posición que declara “inacesible al entendimiento humano todo conocimiento de los divino y de lo que trasciende la expefriencia”, como dice el diccionario académico. Debemos decir también que, ya en los años sesenta, Uslar nos ofreció con Chúo Gil y las tejedoras, la obra más universal del teatro venezolano. Su tema es la murmuración.
    Con estos autores, escribe Azparren, “la dramaturgia nacional se asomó a su madurez”(t.I,p.25).


    SEGUNDA MODERNIDAD

    Aunque este último período lo inicia el antólogo en 1958, años de transformaciones políticas, literarias y teatrales, para nosotros, las figuaras dominantes, que él examina y escoge sus obras, son César Rengifo(1915-1980), Román Chalbaud(1931), Isaac Chocrón(1930-2011), José Ignacio Cabrujas(1937-1995) y Rodolfo Santana(1944-2012). Nos explicamos. Lo relativo a César Rengifo debemos advertirlo porque ya en 1943 lo encontramos, todavía, desde luego, sin concebir sus obras mas destacadas, una de las cuales Las torres y el viento(1969) se ofrece aquí. Pero Rengifo tiene un valor muy especial para nosotros: toda su obra se nos ofrece como una visión de conjunto de la historia de Venezuela, en la cual cada época tiene su especial pieza, visto todo siempre desde la óptica marxista que fue la suya, ideológicamente fue César  Rengifo siempre coherente, hombre de ideales, de hondo sentido ético, un comunista de esos que ya no existen. Siendo como es Las torres y el viento significativa pieza, ya que aborda el asunto central de nuestra vida contempopránea: el petróleo, a partir de 1914, explosión del pozo Zumaque 1. Los diversos momentos de su coherente visión de la nación tienen que ver con el país, por ello para muchos es también muy signficativa Lo que dejó la tempestad, que sucede durante la Guerra Federal(1859-1863); de gran belleza escénica es Una semilla sembrada en Carabobo, funeral por un soldado del pueblo, con su estupendo coro griego, como en las grandes tragedias clásicas. Esa visión balzaciana de la vida del país tiene un parelelismo con Rengifo, la historia todos los períodos de Venezuela, trazados por Francisco Herrera Luque(1927-1991) en su saga de narraciones, desde el siglo XVI al XX.
    A estos le siguen, dentro de nuestra propia visión de un proceso tan rico como lo es el teatro venezolano del siglo XX, Chocrón, Chalbaud y Cabrujas, considerados desde tiempo atrás como la “Santísima Trinidad del Teatro venezolano” por sus vinculaciones creativas y afectivas, en donde es imposible dejar de registrar la más trascedente creación de los tres: El Nuevo Grupo(1967). Y en el caso de Chocrón, la Compañía Nacional de Teatro(1984). A Chocrón nosotros lo hemos considerado el mayor dramaturgo venezolano del siglo XX.
    Lo seleccionado de ellos por Azparren es siempre correcto, como lo son a todo lo largo de los tomos de estos Clásicos del Teatro venezolano, sus escogencias. De Chalbaud nos ofrece su mejor pieza Los ángeles terribles(1967); de Chocrón Escrito y sellado(1993) en donde es evidente la constancia de sus temas: la familia elegida, las amistades, el amor y de Cabrujas El americano ilustrado, que es una buena síntesis de su teatralogía sobre el país: Acto cultural, Profundo y El día que me quieras, cuatro piezas cuyo mejor analista  ha sido el propio Azparren.
    Hacia fines de los años sesenta, de 1968, es La muerte de Alfredo Gris, apareció Rodolfo Santana, con su grave visión de nuestra realidad, descarnada, dolorosamente mostrada a lo largo de su extensa obra, ya que fue Santana es el dramaturgo más fecundo del teatro venezolano. Aquí Azparren nos ha ofrecido la última pieza escrita antes de decirnos adiós: El asesinato múltiple como diversión pública(2011), sus paralelismo con el vivir trágico en estos días del pais, es grandísimo, pese a suceder la obra en Bogotá, en los días del asesinato del lider José Eliecer Gaitan(1903-1948). Para nosotros además de esta, que muy bien nos revela el trabajo de Rodolfo Santana, nosotros siempre hemos recalcado el valor de sus Piezas perversas(1978), ya que las tres son singulares, “La horda”(1970) nunca montada, que parece ser un anticipo de lo que fue, diez y nueve años más tarde, el Caracazo(1989), como lo fue el memorable, sobre el mismo asunto, el memorable cuento de Uslar “La ciudad”(de Los ganadores,1980). En sus Piezas perversas recogió también “La empresa perdona un momento de locura” y “El animador”. En la segunda edición, tuvimos el privilegio de ser su editor, sacó “La horda”, para seguirla trabajando, según nos dijo, y la sustituyó por una de las joyas de su teatro “Encuentro de parque peligroso”, una de sus píezas, como hemos denominada tiernas. Nunca hemos podido olvidar a Elba Escobar y a Orlando Urdaneta protagonizando Encuentro en parque peligroso, una tarde en el teatro Las Palmas. Llena del amor que vivía encontonces es su Rock para una abuela virgen.
    Hemos saltado de atrás hacia adelante, pero en este período apareció Elisa Lerner(1932) con su nítido drama En el vasto silencio de Manhattan(1964), en la cual la esencia de su modo de mirar a la mujer está presente. Es ella maestra del monólogo y nuestra primera ensayista mujer de la mitad del siglo XX.
    También los sesenta nos encontramos con Alejandro Lasser(1916-2014), aquí representado por La Cueva(1967), quizá la más significativa de todas las suyas; Gilberto Pinto(1929-2011) por Los fantasmas de Tulemón(1977), una visión politica de nuestro medio; con la signficativa pieza de José Gabriel Nuñez(1937): Madame Pompinette(1980), llena de los sortilegios de las máscaras humanas o Ugo Ulive(1933), “el más completo director del teatro venezolano”(t.I,p.31), de quien aquí está Prueba de fuego(1981), magnífico diálogo, la mejor pieza que revela la gran tragedia que fue el movimiento guerrillero de los años sesenta.
    Creemos que a comienzos de los años setenta apareció una nueva generación de cultores del teatro, con Mariela Romero(1952), autora de esa joya que es El juego(1976); Edilio Peña(1951) con Los pájaros s van con la muerte(1977) llena de dolor y desasosiego; Nestor Caballero(1953) Con una pequeña ayuda de mis amigos(1983), autor de numerosas bellas piezas;  Xiomara Moreno(1959), de quien aquí leemos Último piso en Babilonia(1992), siempre autora de un teatro intelectualmente denso; Gustavo Ott(1963) de quien aquí leemos Comegato(1995); Elio Palencia(1963) con Arráncame la vida(1995) cuando el Sida, que es su asunto, apareció y Carlos Sánchez Delgado(1958), cultor de una suerte de teatro anti-histórico, como lo que vemos en su sabrosa pieza Su excelencia Otelo-Páez(2001). Nos recuerda Sánchez Delgado a las distorciones narrativas de la historia a las que nos acostumbró Denzil Romero(1938-1999) en sus novelas. Constituyen miradas diversas al pasado.

    FIN

    Cierra Azparren su introducción anotando: “Dos siglos de teatro, dos siglos de dramaturgia. Período en el cual Venezuela construyó una república. También años en que los venezolanos trabajamos para darnos una cultura que nos representara y explicara. Nos referimos a nuestros acercamients y distanciamientos, a la lucha constante por construir un imaginario compartido libre y críticamente por todos, en el que nuestras espectitivas pérsonales y colectivas pudiesen encontrar respuestas, las que cada quien requiere para comprenderse…Los dramaturgos han hecho un aporte fundamental al construir universos sociales imaginarios, en los que los venezolanos hemos podido ver, en vivo, los conflctos humanos que nos acompañan, desde el amor imposible hasta el horizonte inevuitable de la muerte, desde la lucha contra el poder despótico hasta la armonía de la amistad íntima, desde la pertenencia a una historia aún por conocer bien hasta las contingencias de la vida diaria”(t.I,p.35).

    Junio 4-7,2015.



    [1] Leído en el Círculo de Lectura de la Fundación Francisco Herrera Luque, en su sesión de la mañana del sábado 6 de junio de 2015. Publicado en www.arteenlared.com: Caracas:junio 15,2015.
    [2] Leonardo Azparren Giménez: La polis en el teatro de Esquilo. Caracas: Monte Ávila Editiores,1993.200 p.; Documentos para la historia del teatro en Venezuela. Siglos XVI, XVII y XVIII. Caracas: Monte Ávila Editores, 1996.333 p.;El teatro venezolano. Ensayos históricos. Caracas; Alfadil/Genete de Teatro,1997.207 p.; José Ignacio Cabrujas y su teatro. Caracas: Bid & Co.Editor/Cultura Chacao,2012.282 p.; Isaac Chocrón: la vida requisada. Caracas: Bid % Co.Editor,2012.207 p.; José Ignacio Cabrujas: Obra dramática. Dirección y estudio prelimar: Leonardo Azparren Giménez. Caracas: Editorial Equinoccio, 2010 2011. 3 vols;  José Ignacio Cabrujas habla y escribe. Conversaciones, entrevistas, ensayos, conferencias y artículos. 2012. 2 vols.
    [3] José Gabriel Nuñez: Selección del teatro venezolano del siglo XIX. Caracas: Fundarte, 1993. 326 p.; José Rojas: Antología del teatro venezolano del siglo XIX. Mérida: Solar, 1994. 199 p.; William Anseume: El drama en Venezuela durante la primera mitad del siglo XIX. Prólogo: Orlando Rodríguez. Caracas: Celcit, 1998. 498 p.; Efraín Subero: Teatro escolar. Caracas: Ministerio de educación, 1971. 438 p.; Carlos Miguel Suarez Radillo: 13 autores del nuevo teatro venezolano. Caracas: Monte Ávila Editores, 1971. 535 p.; Susana Castillo: Las risas de nuestras Medusas. Caracas: Fundarte, 1992. 119 p.; Lorena Pino Montilla: La dramaturgia femenina venezolana. Prólogos: Javier Vidal y Orlando Rodríguez. Caracas: Celcit, 1994. 2 vols
    [4] Está en sus Obras completas. Caracas: La Casa de Bello,1981-1986. 26 vols. Ver el t.I,p.16-26.
    [5] Sobre este Isnardi, a quien se ha confunido con un homónimo suyo, italiano, quien vivía en el oriente del país, siendo el Isnardi compañero de Bello en la iniciativa, español, nacido en Cádiz. Ver lo que decimos consultar Marisa Vanini de Gerulewicz: El misterio de Francisco Isnardi. Caracas: Fundavag Editores,2014. 220 p.
    [6] Manuel Segundo Sánchez: Obras. Compilación, prólogo y notas: Pedro Grases. Caracas: Banco Central de Venezuela,1964. 3 vols. Ver:”El poema de Gaspar Marcado sobre la guerra de Indepencia de Margarita”(t.II,p.42-57).
    [7] Germán Carrera Damas: Historia de la historiografía venezolana. Textos para su estudio. Caracas: Universidad Central de Venezuela,1961. LXXII,643 p. La cita procede de la p.X.
    [8] Luis Beltrán Guerrero: Razpón y sin razón. Tmas de cultura venezolana. Barcelona: Ariel,1954.249 p. Ver “Don Eloy Escobar o el cofre de Nacar”(p.39-44).
    [9] La fecha exacta del nacimiento del dramaturgo está en Rafael Ramón Castellanos: Caudillismo y nacionalismo: de Guzmán Blanco a Gómez. Vida y acción de José Ignacio Lares. Caracas: Italgráfica,1994. 668 p. La fecha y su constancia documental está en la p.15. La fecha también aparece en Varios Autores: Diciconario de Historia de Venezuela.2ª.ed.aum. Caracas: Fundación Polar,1997. 4 vols. Está en el t.II,p.911-912, en base a los datos de Castellanos.
    [10] Jesús Sanoja Hernández: El día y su huella. Prólogo: Manuel Caballero. Epílogo: Rafael Cadenas. Caracas: Bid & Co.Editor,2009.295 p. Ver:”Salustio Gonzálz Rincones”(p.111-155). La referencia est´pa en las p.115-119.
    [11] Alba Lya Barrios/Carmen Mannarino/Enrique Izaguirre: Dramatirgia venezolana del siglo XX. Caracas: Centro Venezolano Iti-Unesco,1997. 470 p. Ver el ensayo de Alba Lia Barrios: “¿Nada antes del cuarenya y cinco?”(p.19-141). Allí analiza La República de Cain,p.82-84..