Yo soy

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viernes, 14 de septiembre de 2012

En Valencia desde la Plaza Bolívar hasta Camoruco Viejo, la otrora zona donde vivían gentes adineradas de la ciudad se observa este problema que mereció una puesta en escena...Y pensar que la Escuela de teatro ya es un recuerdo


MEMORIA EMOTIVA

"Detrás de la avenida" no se centra solo en la transexualidad, sino en la degradación moral

JUAN A. GONZÁLEZ |  EL UNIVERSAL
jueves 13 de septiembre de 2012  12:00 AM
En la aorta 
de concreto
¿Cuántas historias de degradación humana recorren noche tras noche la Libertador? Quienes se han adentrado con una mirada desprejuiciada en la nocturnidad de la Caracas atravesada por esa arteria vial, como una aorta de concreto, saben que más allá de las estadísticas o de las noticias de la página roja, lo que hay detrás de esa avenida son montones de seres humanos, con sueños y esperanzas, a los que la realidad ha puesto en los límites de una existencia irracional, cruel y devastadora. 

El dramaturgo Elio Palencia no tuvo vestirse de psicólogo o de sociólogo para sensibilizarse con las circunstancias de aquellos que conviven con la desconexión sexual entre su cuerpo y su mente, entre la fisonomía de un hombre y las pulsiones de una mujer. 

Y aunque la transexualidad sea un tema tabú, aunque siga siendo motivo de burla, es una situación de vida que está a la vuelta de la esquina, en espera de atención. En ello se ha aplicado Palencia con obras como La quinta Dayana oDetrás de la avenida, ésta última escrita hace 24 años y que ahora el grupo Akan Tribu Teatral presenta en la sala Río Teatro Caribe de San Bernardino. 

La visión más seria la aporta, en este caso, el teatro social, no la comedia tipoLa jaula de las plumas o cualquier otro subproducto escénico. Se trata de un teatro comprometido éticamente con el tema, que pugna por aproximarse a la verdad de seres como Peggy, transexual venido a Caracas desde los andes, que entabla una amistad con un joven e inescrupuloso aspirante a escritor (Gualo) que busca en ella "carne" para su novela. 

El montaje que dirige Jonell Páez respeta la ruptura espacio-temporal del original; es decir, el salto constante de una escena a otra, de un ambiente a otro: del precario cuartucho de Peggy a la habitación de la plástica novia de Gualo, o de ésta a la sala de interrogatorios de un policía corrupto en busca de un ascenso. 

Si en algo hace énfasis el texto de Palencia es en que Peggy no es el único "invertido" en esta historia. Y consciente de ello, Páez no pierde de vista la crítica que subyace en Detrás de la avenida: la descomposición social, la inversión (ahora sin comillas) de valores y la desaparición de la ética, por lo menos, en el personaje que se supone es el más ilustrado de todos: el estudiante de Letras que saca provecho de una criatura marginada social y afectivamente, y a la que no le queda otra alternativa que prostituirse y envilecerse para sobrevivir de día y vivir de noche. 

El único hándicap de la propuesta de Akan Tribu Teatral es su desnivel interpretativo. Mientras Ricardo Sánchez (Peggy) ofrece una actuación adolorida, ingenua y, por momentos, grotesca, el resto del reparto luce innecesariamente exagerado y esquemático hasta el cliché. 

Ello hace que esta lectura de Detrás de la avenida se quede a medio camino del texto original, cuyo espíritu realista posee una increíble capacidad para retratar el alma de un puñado de personas a las que la vida se les hace es tan corta como un ir y venir nocturno por la avenida Libertador. 

jgonzalez@eluniversal.com

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