Yo soy

Yo soy

viernes, 15 de marzo de 2013

Cuando el Ministro de la Cultura 2005 Farruco Sesto convocó a su despacho a buena parte de los directivos de las agrupaciones teatrales de mayor actividad tanto en Caracas como en otras ciudades del país. Lo que en un principio se pensó como un acercamiento entre las nuevas autoridades culturales y los directores, productores, dramaturgos y actores, degeneró en la escisión entre ambas partes, luego de que el funcionario "sugiriera" que a partir de aquel momento, los colectivos teatrales debían hacer obras que, de alguna manera, se alinearan con los postulados ideológicos del Gobierno del presidente Hugo Chávez, fallecido el pasado 5 de


MEMORIA EMOTIVA. El teatro escindido

Ante el poder, muchos teatreros optan por alzar la bandera de la libertad creativa

JUAN A. GONZÁLEZ |  EL UNIVERSAL
jueves 14 de marzo de 2013  09:25 AM
El teatro 
escindido
En los días posteriores a su nombramiento como ministro de Cultura, en 2005, el arquitecto Francisco Sesto reunió en su despacho, para ese entonces ubicado en la Torre Norte del Centro Simón Bolívar, a buena parte de los directivos de las agrupaciones teatrales de mayor actividad tanto en Caracas como en otras ciudades del país.

Lo que en un principio se pensó como un acercamiento entre las nuevas autoridades culturales y los directores, productores, dramaturgos y actores, degeneró en la escisión entre ambas partes, luego de que el funcionario "sugiriera" que a partir de aquel momento, los colectivos teatrales debían hacer obras que, de alguna manera, se alinearan con los postulados ideológicos del Gobierno del presidente Hugo Chávez, fallecido el pasado 5 de este mes.

Aquella "propuesta" encendió las alarmas entre hombres de teatro como Gilberto Pinto, Héctor Manrique, Basilio Álvarez, José Simón Escalona y Javier Vidal, por citar a algunos. Las consecuencias de defender ante el "poder" la libertad de creación son conocidas: agrupaciones como el Grupo Actoral 80 (GA80), Skena y Teatro del Duende dejaron de recibir el subsidio oficial e ingresaron en una lista de "grupos perniciosos". En el caso del Theja, que dirigió Escalona, no se le renovó el comodato que tenía con el Estado por lo que se quedó sin sede (el Teatro Alberto de Paz y Mateos).

A ello se sumó la transferencia del edificio del Ateneo de Caracas, donde funcionan los recintos de espectáculos Anna Julia Rojas, Horacio Peterson y la Sala de Conciertos, a la Universidad Nacional Experimental de las Artes (Unearte).

Lo que se avizoraba como otro "tiro de gracia" a la institucionalidad cultural que existía antes del chavismo -y cuya muestra culminante fue el borrón y cuenta nueva de la liquidación del Consejo Nacional de la Cultura-, no logró, sin embargo, acallar ni el trabajo ni las voces de quienes prefirieron, como le diría Vidal a quien suscribe, hacer teatro desde las catacumbas que poner el arte al servicio de un proyecto político, cosa que no pocas agrupaciones han hecho. Allá ellas...

Si existe alguna disciplina artística que ha logrado revitalizarse a pesar del chavismo, ésa no es otra que el teatro. Ya lo decía a este periodista, Basilio Álvarez: "El hombre de teatro debe hablar de las injusticias y las humillaciones que ve a su alrededor". No ha dejado de hacerlo.

Un aparte: la muerte del Presidente puso fin de manera abrupta a una de las iniciativas oficiales que más elogios ha recibido de quienes adversan al Gobierno, el Festival de Teatro de Caracas. No obstante, por lo que pudo verse antes del anuncio del deceso del Primer Mandatario, a la muestra se le pueden achacar los mismos errores de la ya olvidada Megaexposición: demasiado ruido y poquísimas nueces; es decir, la vieja fórmula populista: cantidad por encima de la calidad. Quizás, para futuras ediciones debería tomarse como premisa organizativa la palabra "selección", sin que con ello se sienta que se está siendo excluyente. Esta sí es una sugerencia...

jgonzalez@eluniversal.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario